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miércoles, 10 de febrero de 2016

Réplica del Delfín Romano de Terracota


Publica en Akros nº 5 por Jesús Miguel Sáez Cazorla.



Resumen
Desde octubre del año 2005 el Museo de Arqueología e Historia de Melilla incrementa su exposición con una nueva pieza: se trata de la reproducción de una cerámica hueca en forma de Delfín sobre un pedestal de modulaciones representando las olas, que conserva aún  intacta restos de pintura roja sobre las mismas. De época  Helenista, siglo III a.C.,  procedente probablemente de Campania (Italia), es un  recipiente contenedor de perfumes, con una bolita en su interior que tiene la finalidad de evitar que se solidifique. 

Foto Fig.1: Terracota en forma de delfín procedente del cerro de San Lorenzo. Foto: M.A.N.

En el reciente libro “Historia de Melilla”, Fernando López Pardo en el capítulo referente a Rus-addir nos comenta cómo “en una de las salas del Museo Arqueológico Nacional de Madrid, que alberga la atractiva colección de vasos griegos, una vitrina aloja un conjunto de figuras de terracota con formas de animales. En ese pequeño grupo se encuentra representado con el número de inventario 202.679, un delfín sobre las olas que aún conserva algo de pintura roja (foto.1). Ningún letrero indica la procedencia, pero sin lugar a dudas es una pieza hallada en Melilla en las excavaciones que se llevaron a cabo a principios del siglo XX en el desaparecido Cerro de San Lorenzo, del que dará cuenta, Rafael Fernández de Castro, en su ya clásico libro “Melilla Prehispánica”, donde señala que fueron remitidos a Madrid”.

En efecto, en junio de 1905, aparecen restos de enterramientos en las obras de un edificio anexo al antiguo matadero municipal, consistente en esqueletos, ánforas y otras cerámicas, que serán  enviadas el 23 de Junio mediante un despacho de aduana por la Compañía de Transportes  Clemente y Cabo, con destino al Sr. Director del Museo y Biblioteca de Madrid (foto.2), mediante escrito que decía:

Foto 2: Telegrama de Clemente y Cabo al Sr. Director del Museo de Madrid.

“Muy Sr. Nuestro: tenemos el gusto de acompañar talón ferrocarril P.V. expedición nº 15.970 portes pagados de 2 cajas Rotuladas conteniendo barro obrado con peso de 44 Kl.os que para el Museo Arqueológico remite la Junta del Puerto de Melilla.”

Ingresando el 5 de julio en el Museo y Biblioteca de Madrid, en el libro de donaciones con el nº 98, expediente 46, con fecha 6 de julio. En el Museo de Arqueología Nacional existen las preceptivas copias realizadas con papel carbón de varias cartas; una de ellas (sin fecha)  la envía el entonces Ingeniero Director de la Junta del Puerto de Melilla, D. Manuel Becerra, con el siguiente contenido:

Foto 3: carta del Director Junta de Obras del Puerto de Melilla, Sr. Becerra.

“Muy Sr. mió: En las excavaciones verificadas en el Cerro de San Lorenzo de esta Plaza (territorio español) con motivo de las Obras del Puerto, se han encontrado unas ánforas y restos arqueológicos que me complazco en remitir á Vd.

Poco versado en antigüedades arqueológicas, no puedo precisar si pertenecen a los romanos ó á fechas anteriores, por lo que agradecería á Vd. me diese acuse de recibo y al propio tiempo me manifestase la época á que pertenecen.” (foto 3)

Otra carta, ésta remitida desde Santander al Sr. D. Juan Carolina García con fecha del 16 de julio del entonces Director de Museos y Bibliotecas de Madrid, D. Marcelino Meléndez Pelayo, en la que dice:

“Mi querido amigo y compañero: Envío  a Vd. ese par de cajas de materia arqueológica, que si bien remitidos á mi como director de la Biblioteca, como que pertenecen a la jurisdicción de Vd. como director del Museo…”

El Director del Museo Arqueológico Nacional, contestará a la junta del Puerto de Melilla el 27 de julio de 1905 con el siguiente escrito:

Foto 4: Carta del Director del Museo Arqueológico Nacional.

“…Acabo de recibir en este Museo y con destino al mismo dos cajas que contienen los siguientes objetos: 1 ánfora de barro, 1 capis, 1 guttus, 2 ungüentarios, uno de ellos rotos, 1 vaso en forma de delfín, 1 pátera, 1 patina rota, 1 collar de cuentas de barro, piedra y vidrio, 1 campanilla de cobre y varios fragmentos de anilla ó brazalete también de cobre. (foto 4)

Foto 5: Carta del Director del Museo Arqueológico Nacional.

Al expresar á Vd. mi agradecimiento por el interesante envío que demuestra su exquisita cultura y su mucho celo por el engrandecimiento de este centro de enseñanza, me permito rogarle me facilite cuantos datos y noticias tenga acerca del hallazgo de los mencionados objetos, pues no se me han facilitado, habiendo solo tenido la de que venían consignados a este Museo…” (foto 5).

El acuse de recibo de dichos objetos, enumera nueve piezas, casi todos ellos similares a los que hoy día se conservan en el Museo de la Ciudad de Melilla: ánforas, jarras, brazaletes de cobre, etc., menos la que se relaciona en cuarto lugar: “Un Vaso en forma de Delfín”.

En 1921,  la terracota en forma de Delfín aparece ya en el “Catalogue de Terres Cuites du Musée Archéologique de Madrid”, catálogo que para el Museo Arqueológico Nacional realizó Alfred Laumounier. Aparece en la sección de destinos diversos, con  el número de inventario 1016, recogiéndose la procedencia de Melilla y la donación de la Junta de Obras del Puerto.

Actualmente, el original  se encuentra depositado  en el Museo Arqueológico Nacional con el número de inventario 20.279 (foto 6). Las gestiones que se realizaron para la obtención de la réplica  fueron como consecuencia de las conversaciones mantenidas entre las  direcciones de las dos instituciones museísticas. Posteriormente, en Mayo de 2005, se firmó un convenio de colaboración entre la Consejería de Cultura de la Ciudad Autónoma de Melilla y la Dirección General de Bellas Artes y Bienes Culturales, en el que, se solicitaba y autorizaba respectivamente, la reproducción de Bienes Adscritos a la colección estable del Museo Arqueológico Nacional, con el fin de ser expuestos en la exposición permanente del Museo de Arqueología e Historia de Melilla, de conformidad con lo dispuesto en el artículo 24 del Real Decreto 620/1987 de 10 de Abril, por el que se aprueba el Reglamento de Museos de Titularidad Estatal y del Sistema Español de Museos. 

La réplica del Delfín,  ha sido realizada por el restaurador D. Francisco Gago en los talleres del Museo Arqueológico Nacional; para la reproducción de la misma, y siguiendo el informe del restaurador, se ha procedido  a dar a la pieza original un desmoldeante y aislante, para evitar dejar manchas en la superficie de la cerámica y que los materiales a emplear en el molde no se pegaran a la superficie. Seguidamente se procedió a construir una plataforma de plastilina para embutir la pieza hasta la mitad, con el fin de  efectuar la primera parte del molde, con silicona caucho, dando un grueso a esta parte de aproximadamente 7mm.; posteriormente se hizo un contramolde, rígido de resina de poliéster y fibra de vidrio. Concluida esta primera fase, se eliminó la plataforma de plastilina para dar la vuelta al conjunto (pieza, molde silicona y contramolde rígidos) dejando al descubierto, la mitad de la pieza y la otra oculta por la primera fase del molde.

Foto 6: Terracota en forma de galgo procedente del cerro de San Lorenzo. Foto: M.A.ML.

Continúa  el proceso depositando en esta nueva zona la silicona espesada como la anterior y adaptándola a todas las formas del objeto y polimerizada la silicona, se hizo la otra parte del contramolde.  Terminado este proceso, se procede a la eliminación de rebabas del contramolde y hacer unas perforaciones en los bordes del mismo para ajustarlo posteriormente con tornillos y tuercas.

Se prosigue con el desmolde  de la pieza y limpieza de la misma, tanto el molde como la pieza y montar posteriormente el conjunto para hacer la reproducción,  que se efectuará con resina de poliéster con carga de polvo cerámico de color igual al original, para dar el color del Delfín. La reproducción se hará hueca y con una bolita en su interior, para que tenga la autenticidad de la pieza del perfumador del siglo III a.C.,

 Siguiendo las pautas del original, el anverso aparece con un trabajo muy cuidadoso, siendo modeladas las aletas, la cola y el ojo; el reverso por el contrario aparece menos cuidado. Tiene un asa y debajo un pequeño recipiente cóncavo para recoger el líquido que entrará en el interior por cinco oquedades; tras su llenado y  con una ligera inclinación, el líquido se dirigirá a la cabeza del animal y fluirá después por la boca.

En su interior lleva un hueso de aceituna o cereza, para evitar la solidificación del perfume. Existía la creencia en la antigüedad, de que dicho hueso o “pipo”, lo debía comer la misma persona que iba a ser propietaria del envase de perfume, para que su influencia y energía estuvieran  siempre cerca.  El original, lleva también un vástago en el centro, de madera, probablemente a causa de una anterior restauración en la cola, y que posibilita que el hueso pueda moverse mejor. En la que réplica que aquí se presenta, se ha procedido a instalar igualmente dicho vástago.

Sus dimensiones son las mismas que el original: 8,5cm. de altura por 15,5 cm. de longitud y una anchura de 6,5 cm. Esta pieza engrosará la colección de vasos de perfumes del Museo de Melilla en el que se encuentra también el realizado en terracota hueca, en este caso original, procedente igualmente del Cerro de San Lorenzo, con forma de galgo sentado sobre sus patas delanteras cruzadas, de 8,4 cm. altura, 10,8 cm. de longitud y 8,1 cm. de anchura.

sábado, 22 de septiembre de 2012

Inauguración del Museo Ibáñez de Melilla

Fuente: Rey_Almanzor. (16/07/2012)

Este lunes quedará inaugurado el nuevo “Museo Ibáñez de Melilla” tras las labores de musealización de la “Torre de la Vela” que comenzaron el pasado jueves 12 de julio para instalar una nueva colección de arte español moderno y contemporáneo.


Esta museografía comenzó finalizadas  las obras de rehabilitación de la Torre de la Vela (“Casa del Reloj”) de Melilla la Vieja en los últimos días de abril  en el lugar que antes albergó el antiguo Museo de Arqueología de Melilla.

Gracias al convenio que en diciembre de 2008 firmaba la Ciudad Autónoma Melilla y el artista y coleccionista almeriense Andrés García Ibáñez, una nueva oferta museística estable se sumará al turismo cultural de Melilla.

Esta muestra supervisada por el propio artista y el director del Museo Casa Ibáñez de Olula del Río (Almería), Juan Manuel Martín Robles, recoge una parte de su colección particular no expuesta en Olula, con la cual el nuevo museo melillense queda hermanado.


Una colección que va desde Goya hasta nuestros días y que incluye una muestra representativa de artistas melillenses.

Esta será expuesta a lo largo de las seis salas, distribuidas en tres alturas, que forman el “Museo Ibáñez de Melilla” en el que se ha diseñado un discurso que permitirá al futuro visitante realizar un recorrido por el Arte español desde el siglo XVIII hasta nuestra contemporaneidad. Todo ello a través de un centenar de obras de las más relevantes firmas españolas, a las que se ha sumado una cuidada selección de los mejores escultores y pintores melillenses.


Así se expondrán esculturas de Juan López, Manescau y Félix Alonso, y pinturas de firmas tan representativas del arte local como Vicente Maeso, Morillas, Monserrate, Victorio Manchón o Francisco Hernández.
 

lunes, 21 de mayo de 2012

Proyecto Qantara, Patrimonio Mediterráneo, Encrucijadas de Oriente y Occidente


Os presentamos aquí Un sitio web concebido como una exposición multimedia itinerante en cuatro lenguas que sobrepasa los antagonismos clásicos entre el mundo musulmán y el cristiano, y trasciende las diferencias entre Oriente y Occident.

El proyecto Qantara (pasarelas), inscrito en el programa Euromed Heritage, desea contribuir al entendimiento mutuo y al diálogo entre las culturas mediterráneas, a través de la valorización del patrimonio cultural. Su objetivo es la promoción del diálogo intercultural, mediante un apoyo a la preservación y la promoción del patrimonio histórico y cultural común de la región euromediterránea, a través de intercambios humanos, científicos y tecnológicos.

Al reunir las Direcciones de las antigüedades y el patrimonio de nueve países socios - Francia, España, Marruecos, Argelia, Túnez, Jordania, Líbano, Egipto y Siria - el proyecto Qantara, Patrimonio Mediterráneo, Encrucijadas de Oriente y Occidente ha permitido la realización de una base de datos consultable en Internet, que propone una visión transversal del patrimonio cultural mediterráneo.

sábado, 12 de mayo de 2012

Los Museos de Melilla cuentan con un nuevo portal en Internet


http://www.melilla.es/museo/historia.htm

Siete años han transcurrido desde que el Museo Arqueología e Historia de Melilla, situado en “La Torre de la Vela”, realizara su primer y humilde portal en el que anunciaba sus instalaciones y su nueva revista y la de los nuevos Museos de Historia, Arqueología y Etnografía de Melilla y  su reciente web que de momento está sólo en castellano y en la que se podrá consultar información de los museos y de sus actividades, aunque la intención de la ciudad es presentarla también en otros idiomas. 


jueves, 8 de marzo de 2012

La Moneda Judía de Melilla

Esta moneda de bronce, procedente de Judea, fue acuñada por el procurador romano Valerio Grato (15-26 d.C.) bajo el gobierno de Tiberio y donada por D. Claudio Barrio al Museo de Historia y Arqueología de Melilla.

En el anverso, en muy mal estado, aparece un racimo de uvas con dos hojas y zarcillos. Esta pieza, debido a su desgaste, carece de la leyenda Ioulia en el anverso que llevan otras monedas del mismo tipo. En el reverso, mejor conservado, un ánfora con manijas de volutas; en el campo, a izquierda y derecha las letras L Y D (año 4).  

Ésta es la segunda moneda con estas características que ha encontrado D. Claudio Barrio. Según refiere, la primera apareció en un lote de monedas antiguas que adquirió en Cazalla de la Sierra (Sevilla) en 1985. Entre éstas, apareció una pieza extraña, desconocida: se trataba de una moneda emitida en Judea, durante la administración de Valerio Grato, primer procurador de la provincia bajo el gobierno de Tiberio.

Tras identificar su lugar de origen y fecha de emisión, y con la ayuda de su amigo D. León Levy se puso en contacto con el Museo de Jerusalén, institución a la que donó la moneda y en la que permanece expuesta actualmente.

La segunda moneda se encontró, también accidentalmente, en otro lote de monedas encontradas en 1995 en Falda de Camellos, aquí en Melilla. Otras monedas similares se rescataron en las excavaciones de Emporión.

Resulta sorprendente que aparecieran estas piezas en sitios tan alejados de su lugar de origen. Para D. Claudio Barrio, estas monedas llegaron a occidente acompañando a las comunidades judías de la Diáspora que abandonaron Palestina. A su juicio, estos grupos pudieron llevar consigo este tipo de monedas, de escaso valor, como recuerdo de su lugar de procedencia, por su valor sentimental y no por motivos comerciales ni con el fin de atesorar.  Éstas se conservarían para seguir manteniendo un vínculo con su lugar de origen.

Los miembros de la Diáspora constituían la parcela más numerosa del Pueblo de Israel y la mayor parte de estas comunidades se encontraban bajo el dominio de Roma. El hallazgo de esta moneda en la ciudad supone para D. Claudio Barrio un signo inequívoco de que la presencia en Melilla de la comunidad judía puede retrotraerse hasta momentos tan tempranos como el siglo I d.C.

Este hallazgo, es por ahora el único vestigio que documenta la presencia en este periodo de esta comunidad en la ciudad. La cuestión del momento en el que comenzaron a surgir comunidades israelitas en la Península Ibérica y en el occidente mediterráneo se explica con hipótesis más que con evidencias. D. Claudio Barrio considera probable que los judíos llegaran a Melilla acompañando a los comerciantes fenicios. Estos comerciantes acudirían a esta región a comprar oro a Sala (cerca de la actual Sale) o atraídos por la ruta de oro y esclavos que, procedente del Sudán y a través del Muluya conectaba con los puertos mediterráneos. Habría que mencionar en este punto la idea, sustentada por algunos, de que cabe relacionar las «naves de Tarsis» bíblicas con la Tartessos[1] del mediodía hispánico y que en consecuencia abona esta posibilidad de que, ya en el siglo X a.C., hubiera israelitas que navegaran hacia el occidente mediterráneo a la sombra de los fenicios. Sin embargo, para muchos autores, el carácter exótico de los productos que se enumeran en I Reyes invalidaría la idea de que la Tarsis de Salomón pueda identificarse con Tartessos.

Si el origen de estas comunidades es oscuro, lo que sí es indiscutible es que existían ya en occidente grupos de judíos, hasta cierto punto florecientes, avanzado el Imperio romano. La primera expansión de la fe cristiana exige la existencia previa de comunidades israelitas. Si San Pablo u otros misioneros de los tiempos apostólicos predicaron en España, lo hicieron sin duda en núcleos sinagogales; el proselitismo entre gentiles fue posterior al de ámbitos judíos.

La Diáspora romana y helenística tenía un carácter distinto a la babilónica. Lejos de la violencia de ésta, fue el resultado de movimientos pacíficos impulsados por razones mercantiles o de proselitismo. Un factor fundamental en esta expansión fue el sistema de libre comercio creado por los Lágidas y que Roma asumió después.

Se desarrollaron importantes comunidades judías en las principales ciudades mediterráneas, entre las que cabe destacar la de Alejandría. En ésta última, los judíos no podían ser considerados como ciudadanos (politai) ya que esto les hubiera obligado a participar en los cultos idolátricos, aunque su estatus, muy diferente al de los extranjeros domiciliados, podía ser equiparable a la ciudadanía (isopoliteia).

El judaísmo era considerado una “religio licita” y muchos de sus seguidores llegaron a conseguir la ciudadanía romana. Cada comunidad judía mediterránea disponía de un reglamento interno aceptado por las autoridades. Al frente de éstas se encontraba siempre un colegio de ancianos. Éstos designaban otros oficiales, conocidos como arcontes, que eran los encargados de cumplir los acuerdos que se tomaban en el mencionado consejo.

La comunidad, por medio del consejo de ancianos, administraba justicia en asuntos religiosos; imponía multas a los desobedientes y establecía contribuciones para atender a los gastos comunales.

Roma aplicaba a las comunidades judías normas jurídicas que procedían del estatus de las antiguas ciudades “foederatae”. Se les reconocía derechos singulares como su descanso sabático y libertad de reunión para la práctica de sus deberes religiosos, así como el respeto a sus particularidades alimenticias que les obligaban a disponer de mercado propio.


1 Reyes 10, 22 («El monarca [Salomón] tenía en el mar la flota de Tarsis con la flota de Jiram [rey de Tiro]; una vez cada tres años llegaba la flota de Tarsis cargada de oro, plata, marfil, monos y pavos reales»)

viernes, 22 de abril de 2011

In memory Constantino Domínguez Sánchez

Santiago Domínguez Llosa
Historiador miembro de la AEM

Introducción

El 23 de abril de 1979 fallecía en nuestra ciudad de forma inesperada Constantino Domínguez Sánchez a la anticipada edad de cuarenta y siete años. Su aportación a la Historia de la ciudad y en concreto al Museo Municipal, fue de especial trascendencia, ya que con su actuación se realizó el primer inventario y catálogo de los objetos arqueológicos y documentales allí expuestos, dándole el carácter científico que la institución requería.

Apuntes Personales

Constantino Domínguez nacía en Tetuán en 1932, destacando desde su infancia por sus ansias de aprender y su curiosidad innata que le llevaría a interesarse de forma muy aplicada por los estudios, finalizando su bachillerato en el Colegio del Pilar de Tetuán. De forma continuada obtuvo los títulos de Perito, Profesor e Intendente Mercantil.  En 1953 ingresó como funcionario en Hacienda llegando a pertenecer por oposición, al grado de Técnico Superior de la Administración del Estado.

En 1956 al concederse la independencia a Marruecos, ostenta el cargo de Jefe de Sección del Registro de Hacienda en el Protectorado.  La administración española entrega la gestión al nuevo Estado, quedando como jefe de la misión civil española encargada del traspaso a las nuevas autoridades, por el que recibiría al termino de la misma la felicitación tanto del ministro español del ramo como del mismo Rey Mohamed V. Permaneciendo en Marruecos hasta el año 1960, siendo destinado a Melilla este mismo año como Administrador de Tributos de la Delegación de Hacienda.

Su preocupación intelectual le lleva a interesarse por la historia de la ciudad a su llegada, devorando más que leyendo, todo lo publicado. Aquí empieza su labor investigadora en los fondos locales y en otros archivos nacionales, en una  época en la que en Melilla había muy pocas personas que se interesasen por la historia y la investigación. 

Al poco tiempo de su llegada tiene la suerte de conocer a D. Francisco Mir Berlanga, Alcalde y Director del entonces Museo Municipal de Melilla con quien le unirá una gran amistad y a quien siempre considera como su maestro.

Constantino Domínguez aprovechaba su poco tiempo libre en profundizar en la historia de la Ciudad y aunque no dejaba de lado ningún tema, también le dedico gran parte de este a su museo.

Fruto de esos estudios fue la publicación a partir de 1969 de pequeños artículos en la prensa local e incluso en algunos medios nacionales, que acabaron siendo un referente y muy conocidos en la ciudad bajo el término de ”Melillerías”. Por lo que no es de extrañar que en tres ocasiones obtuvieran algunos premios de periodismo que en aquellos años otorgaba el Ayuntamiento.

Constantino Domínguez Sánchez y el Museo de Melilla


Uno de los lugares preferidos por Constantino para pasear por la ciudad era Melilla la Vieja o más concretamente el primero de los Recintos Fortificados.  Dentro de ella, era obligada la visita al Museo Municipal que estaba ubicado en el Baluarte de la Concepción, instalación existente desde el siglo XVI y que había dado cabida anteriormente al Museo, a una torre de vigilancia sobre un baluarte o “Caballero”, ampliada y reformada en el siglo XVIII hasta quedar unida a un almacén de pólvora de dos plantas a prueba de bombas, al aterrazar su cubierta a dos aguas utilizadas como magníficas batería con vistas sobre la costa y altura del “Cubo”. Fue en este lugar, donde comenzó a tener contacto  con los objetos allí expuestos, familiarizándose pronto con ellos.


El Museo se instala en estas dependencias en el año 1953 siendo su fundador y primer director D. Francisco Mir Berlanga. Se trataba de un Museo de carácter generalista en el que tenían cabida objetos y documentos que estuvieran relacionados con la historia de la ciudad, para lo que se dividió en dos secciones: Arqueológico-Histórico y Documental.

Señalamos sus palabras publicadas en “Melillerías” y que las recoge el diario Sol de España en 1969 al respecto: “... El Baluarte de la Concepción, perfectamente restaurado y en el que se encuentra instalado el Museo Municipal, pequeña joya que conserva los restos de la antigua necrópolis de San Lorenzo, que hablan de siglos de la importancia de Melilla en aquellos tiempos, así como una interesantísima colección de documentos relacionados con la historia de la ciudad”

 A mediados de los años 70, D. Francisco Mir Berlanga, ya jubilado, empieza a ausentarse con bastante frecuencia de la Ciudad, designando como Secretario del Museo en el año 1976 a Constantino, quien desde este momento se dedicó en cuerpo y alma y de manera altruista al estudio y desarrollo de la mejora de las instalaciones y contenidos expositivos.

Hay que recordar que esos momentos el Museo era una especie de almacén de objetos, algunos procedentes de las excavaciones de principios del siglo XX y otros como consecuencias de hallazgos fortuitos, cesiones o donaciones, pero todas ellas distribuidas sin contexto alguno en unas vitrinas y armarios de madera forradas en terciopelo rojo con unas estrechas puertas de cristal y con una muy deficiente iluminación que se veía agravada por la presencia en las ventanas de unas láminas de celofán amarillo que tenía como finalidad impedir la entrada de la luz del sol para evitar el deterioro de las piezas expuestas, especialmente la colección de documentos históricos. El resultado de  todo ello llevaba a que no se pudieran apreciar las magníficas piezas que albergaba la instalación, agravado aún más por la  falta de un catálogo o inventario de los bienes del Museo, aunque existían una serie de fichas incompletas de las piezas.

Constantino Domínguez se empeñó en la tarea de cambiar esa situación a todas luces insuficiente para exponer y enseñar a los visitantes la Historia de Melilla; Tenía claro que la actuación debía ir encaminada a dos frentes: por un lado la instalación de los objetos y por otro la clasificación, documentación e inventarización de los mismos. los primeros momentos fueron algo complicados ya que a la falta de fondos para emprender las reformas se unía un cierto inmovilismo por parte de D. Francisco Mir, que no acababa de entenderlas del todo.

En 1976, y aprovechando un largo viaje que el Director emprendió por Extremo Oriente, Constantino Domínguez inició una serie de contactos con empresarios y comerciantes de la ciudad para obtener fondos y otras ayudas para el Museo, consiguiendo al final llevar a cabo la ansiada reforma.  Así, un conocido industrial de la ciudad conocido como A. Moreno puso de su bolsillo la nueva instalación eléctrica; otros comerciantes, entre ellos un joven Ayu Lalchandani, se encargaron de aportar fondos para la adquisición de mobiliario. Por su parte, algunos operarios de los servicios operativos del Ayuntamiento, emplearon su tiempo libre en el saneamiento de paredes y techos y en la instalación del agua.  Al final, el esfuerzo de Constantino Domínguez ayudado por Manuel Cuenca Toro, y la desinteresada ayuda de esos comerciantes e industriales, convirtieron aquellas oscuras y deficientes dependencias en unas salas que si bien hoy no cumplirían los requisitos mínimos, en aquel tiempo constituyó una auténtica revolución en materia de espacios expositivos y además con un coste cero para las arcas municipales.

Una vez solucionado el tema expositivo, asumió la segunda y complicada tarea de llevar a cabo una catalogación exhaustiva de las piezas. Para ello, se procedió a fotografiar cada una de ellas, siendo remitidas las copias a Constantino Unguetti, arqueólogo jienense que pasaba sus veranos en Melilla, y que adquirió el compromiso no sólo de restaurar muchas de ellas, sino también de documentarlas, con lo que en un relativo medio plazo, se  consiguió igualmente realizar un inventario de las piezas expuestas en el Museo, inscritas en dos libros, uno de Registro General de Objetos propiedad del Museo, con 552 registros y otro de Objetos en Depósito con 77 registros. Este inventario se mantuvo inalterable y sin ninguna modificación hasta el año 2003 en el que los técnicos proceden a actualizarlo siguiendo la normativa vigente e incrementándolo en 2440 registros arqueológicos.

Constantino Domínguez tuvo también un interesante papel en temas arqueológicos. En los años 70 no había en la ciudad ningún arqueólogo profesional, por lo que  cualquier hallazgo debía ser comunicado al Ministerio de Cultura de Madrid que enviaba a esta plaza militar, si lo estimaba oportuno, alguno de los de su plantilla, lo cual a veces hacía que cuando se decidía su envío los restos hallados hubieran desaparecido. Por ello cuando se producía algún hallazgo, las autoridades llamaban de inmediato a Constantino Domínguez para que evaluara lo encontrado. Aunque no fuera arqueólogo, contaba por un lado con la experiencia de haber participado en su juventud en las excavaciones realizadas en las cercanías de Tetuán, especialmente las llevada a cabo en Tamuda por Tarradell y por otro, con que los objetos hallados tenían gran paralelismo con los que él conocía.  Quizás su aportación más relevante en este sentido fue el trabajo de documentación llevado a cabo cuando en las Navidades de 1973, unos derrumbes en la carretera de la Alcazaba producidos por las obras del nuevo acceso del Parador de Turismo, pusieron al descubierto unas oquedades semiesféricas que se describieron como fosas dentro de las cuales aparecieron gran cantidad de fragmentos de cerámica.  De nuevo ante la inexistencia en la ciudad de personal especializado, se recurrió a Constantino Domínguez, quien, según consta en la prensa local (Telegrama de Melilla, Domingo, 6 de Enero de 1974), “... Estas excavaciones están siendo dirigidas por el momento por D. Constantino Domínguez Sánchez, enamorado de la Historia de la ciudad e investigador de la misma.”. quien formó un pequeño grupo de voluntarios, en su mayoría estudiantes, entre el que se encontraba Jesús Miguel Sáez Cazorla, actual Presidente de la Asociación de Estudios Melillenses, para analizar lo hallado. Después de estudiar los restos y las referencias bibliográficas, fueron datados como de época púnica, entregándose los restos en el Museo Municipal para su custodia después de haber sido documentados.

No fue la única ocasión en las que las autoridades recurrieron a nuestro protagonista para datar o documentar algunos de los hallazgos.  Prácticamente en cada obra que se hacía en Melilla la Vieja aparecía algo: una lápida, un trozo de metal oxidado, etc.  Todos ellos eran documentados y entregados en el Museo Municipal.  Precisamente en la mesa, el día de su muerte dejó el primer boceto de la “Melillería” que, todavía sin título, trataba de los hallazgos arqueológicos que se habían encontrado en Melilla en los últimos años.

Su interés por la difusión del Museo y de la Historia sigue siendo patente cuando en 1978 le encarga el Ayuntamiento la realización de una Guía Turística de Melilla, publicada en febrero de 1979 y en la que a través de la misma podemos dar un paseo por la Historia de la ciudad a través de los Recintos Fortificados y un recorrido por las diferentes salas del Museo.

Y esta es en breves líneas, la trayectoria vital de Constantino Domínguez Sánchez, un melillense de corazón aunque hubiera nacido en otro lugar y que tras su familia, tuvo siempre pasión por la historia de Melilla, por su patrimonio y por su Museo.

viernes, 27 de marzo de 2009

La maqueta de Melilla ultima obra de León Gil de Palacios (1778-1849).

La maqueta de Melilla construida en 1846 por León Gil de Palacio, es un extraordinario documento para el conocimiento del estado de la ciudad y sus fortificaciones a mediados del siglo XIX.


Del autor poco podemos aportar que no se sepa de su afamada trayectoria. Nacido en 1778 en la ciudad de Barcelona, pronto ingresa en la Real Academia Militar. La guerra de la Independencia le iba a servir para relanzar su carrera; así está documentada su intervención en la batalla de Bailén, cerco de Valencia y defensa de La Coruña.


Si, como parece ser, su ideología era liberal y posiblemente masón, nos explicamos una serie de años de penalidades y exilio, hasta que en 1827, realiza su primera obra, el modelo de la Torre de Hércules, continuando por el de la ciudad de Valladolid. El inicio de estas actividades iba a determinar su carrera posterior, pues como consecuencia de comprobar Fernando VII su maestría, se convirtió en su más entusiasta y decidido protector, destinándole a sus órdenes inmediatas. Paradójicamente, el monarca absoluto, fomenta la labor profesional de un liberal.


El modelo de la ciudad de Madrid eleva su prestigio a cotas tan altas, como la conseguida cuando el embajador francés le encomienda la de París, trabajo que rechazaría.


Posteriormente crea el Real Gabinete de Modelos (antigua Museo del Ejército), al encargársele la construcción de maquetas "de todos los Sitios Reales, de todas las capitales de la Península, islas adyacentes y territorios de soberanía", en 1832. Para esta labor eligió como lugar de trabajo el Palacio del Buen Retiro, conservandose en la actualidad gracias a León Gil. A la muerte de Fernando VII, van languideciendo los trabajos, aunque no perdería nunca su prestigiosa posición.


Con el cargo de brigadier, se le nombra director del Museo del Arma de Artillería, en 1843, falleciendo en 1849.

La maqueta de Melilla, data de 1846, fecha muy tardía, pues según Enrique Pastor Mateos después de 1833 no realizaría ningún trabajo, siendo este dato erróneo, como puede verse en la obra que nos ocupa. Pudiera enmarcarse su realización, en el trabajo ya aludido de efectuar los modelos "de todos los Sitios Reales, capitales de la Península, islas adyacentes y territorios de soberanía".


Los trece años que separan 1832 de 1846 son un misterio, y no podemos aportar la causa de fecha tan tardía para este modelo.


Los materiales empleados en su construcción son de calidad inferior (escayola y cartón) que los de la primera época, lo que influye negativamente en su conservación. El modelo a escala 1:1.500, tiene 45 cm x 45 cm y en él se reproducen los cuatro recintos fortificados de Melilla así como los ataques que los circundaban.


La Maqueta estuvo asentada primeramente en el Museo del Ejército, pero fue trasladada a la Academia de Ingenieros en Madrid, donde se halla en la actualidad, con la signatura 55.199.


El semiabandono de esta Academia hacia por aquel entonces prácticamente imposible su visita. Además, el estado de la maqueta era muy deficiente, pues han saltado parte de las casas que constituyen el primer recinto, y

se encontraba toda la maqueta con mucho polvo y descuido, que amenazan su degradación.


Afortunadamente esta maqueta fue recuperada para ser expuesta en nuestra ciudad en 1997, con motivo de la creación del Museo del Ejercito de Melilla en la celebración de su quinto centenario como ciudad española.

Modelo fotográfico de la Maqueta de la Ciudad de Melilla y sus inmediaciones del año 1846

1. Anteojo o vigía del campo del moro

2. Parque de Artillería

3. Plaza Mayor o de Aljibes

4. Iglesia única y calle de su nombre

5. Baluarte de la Concepción

6. Almacén de pólvora

7. Casa del Gobernador

8. Rampa de las peñuelas

9. Cortina alta de la parte del Norte

10. Batería del bonete y vigía de mar

11. Hospital militar y civil

12. Plaza y batería del socorro

13. Fuerte de Florentina Alta

14. Playa de la Florentina Baja

15. Casa del Veedor

16. Fuerte de San Antonio y Batería de San Juan

17. Playa de la Marina

18. Fuerte de San Luis

19. Fuerte de Santa Isabel

20. Batería Real

21. Fuerte de la Avanzadilla

22. Plaza de Armas y cuartel de tropa

23. Cuarteles de presidiarios

24. Baluarte de San José

25. Batería de San Femando

26. Puerta baja del Foso de San Femando

27. Puerta para salir al Mantelete

28. Playa del Mantelete

29. Fuerte de San Jorge

30. Estacada de dicho fuerte

31. Puerta baja para entrar a los huertos

32. Puerta del foso de los Carneros

33. Cuarteles de San Fernando

34. Puerta de Santa Rita o del Galápago

35. Foso de Cameros

36. Fuerte de San Felipe

37. Huertos de la Plaza

38. Fuerte del Carmen

39. Fuerte de Santa Bárbara

40. Fuerte de Fenazas

41. Fuerte de San Miguel

42. El camposanto

43. Fuerte del rastrillo de espadas

44. Fuerte de San Carlos

45. Fuerte de plataforma

46. Garitón de San Bernardo

47. Fuerte de Victoria Grande

48. Fuerte de Victoria Chica

49. Punta de la línea de Estacas

50. Fuerte de Santa Lucía

51. Fuerte de San Antonio de la Estacada

52. Fuerte del Rosario

53. Muralla de la Cortadura

54. La cantera

55. Garitón de la Alcazaba

56. Fuerte de los viejos

57. Camino cubierto

58. Rincón del mar llamado el Galápago