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domingo, 9 de septiembre de 2012

Las Locomotoras Henschel 020t del Tigris Kriegsbahn (Tkb) en Melilla




Gracias a la colaboración inestimable del Col. D. Enrique Catalinas y la Ciudad Autónoma de Melilla, se ha conseguido traer esta bella joya de la 1ª Revolución Industrial para el ornato de nuestra ciudad, se trata de la Henschel 020T, nº 16051, numerada por SMF con nº 19.

La siguiente información que reproducimos viene de la estimable colaboración de D. José Manuel Vidal Pérez

Introducción
Estas locomotoras provenientes de los ferrocarriles militares que Alemania construyó durante la I Guerra Mundial en el llamado “ferrocarril de Bagdad”, que muchos autores denominan “Tigris Kriegsbahn” ya que su trazado discurría muy próximo al conocido río.

Debido a que su construcción se realizó al término de este conflicto armado, las unidades no utilizadas quedaron en Alemania siendo vendidas, como lote excedente de guerra, al Gobierno español para su utilización en el Protectorado de Marruecos. Posteriormente, al término del conflicto en el Rif, fueron vendidas a diversas compañías mineras y de ferrocarriles de nuestro país.


Historia
Cercana la conclusión de la I Guerra Mundial, un lote de locomotoras -58 unidades- con Slos números de serie: 15.942-15.947 y 16.023-16.074 se quedaron en Alemania. Conocedor de esta situación, el Gobierno español destacó una comisión del Ministerio de la Guerra, formada por el coronel Avilés y los señores Hernández Vidal y Pintos, que determinaron la adquisición de 34 unidades. De estas, cuatro unidades quedaron asignadas en la península, y el resto se destinaron al Protectorado español de Marruecos.

 
Se construyó en el Rif Central y Occidental una importante red de ferrocarriles de vía 600 mm. para el apoyo logístico de las campañas militares que se estaban desarrollando en estas zonas de Marruecos. El tendido de la vía se realizó por el Primer Regimiento de Ferrocarriles al mando del capitán César de los Mozos y de los tenientes Sasot y García, iniciándose las obras el 5 de febrero de 1922. La línea partía de Tistutin (Batel) –término del ferrocarril del Estado, de ancho métrico- conectando este puesto con Kandusi, Dar Quebdani, Tafersit, Ben Tieb, Midar y Bucarfut, llegando a tener una extensión máxima de 80 Km con una estructura ramificada desde Tistutin. Las locomotoras fueron enviadas por vía marítima hasta el puerto de Melilla y, desde aquí, transportadas por ferrocarril métrico hasta Tistutin.


Al término del conflicto en Marruecos, todas las unidades regresaron a la península, en concreto al Servicio Militar de Ferrocarriles situado en Cuatro Vientos y Leganés, comenzando un progresivo plan de enajenación de todo este material por ser excesivo a esta servicio, más si cabe, por que ya se contaba con cuatro magníficas Orenstein&Koppel 040+2T. Numerosas compañías mineras y de ferrocarriles, sobre todo del norte de España, se interesaron por estas locomotoras. Entre estas empresas podemos encontrar: Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, Hulleras de Riosa, Sociedad Industrial Asturiana, Hulleras de Sabero, Minero Siderúrgica de Ponferrada, Antracitas de Gaiztarro, Ferrocarril de Utrillas y Asland entre otros…



Características

Diámetro de los cilindros (mm)
254
Carrera de los cilindros (mm)
356
Diámetro de las ruedas (mm)
730
Distancia entre ejes (mm)
1.500
Longitud total (mm)
5.175
Timbre de la caldera (atm)
10
Superficie de calefacción de los tubos (m2)
29,30
Superficie de calefacción del hogar (m2)
0,74
Superficie de calefacción total (m2)
30,04
Esfuerzo de tracción (Kg)
2.800
Potencia (CV)
120
Peso en vacío (Kg)
11.500
Peso en servicio (Kg)
14.500
Capacidad de agua (L)
1.600
Capacidad de carbón (Kg)
1.300
   

Líneas de comunicación año 1924
 

martes, 6 de marzo de 2012

Traducciones de Cuentos Árabes Populares

A través de ediciones en Madrid del Instituto de Estudios Africanos o en Tetuán de Editorial Marroquí y Editora Nacional, el cuento ocupo uno de los primeros lugares de la traducción al español en formato libro, presentándose a los lectores en forma de antologías de varios autores, selecciones de un mismo autor, o compilaciones de cuentos populares. Aparecen muy tempranamente en Jerez de la Frontera en 1934 una primera edición de 500 ejemplares, recogidos, ordenados y publicados por Tomás García Figueras y traducidos del árabe por el intérprete Antonio Ortiz Antiñolo, ilustrados con litografías de Teodoro N. Miliciano. Se continúa como una colección de cuentos populares en 1941, que es seguida de otras cuatro en los primeros años cincuenta.

GARCÍA FIGUERAS, Tomás (ed.). Cuentos de Yeha. Tetuán: 1950.

SÁNCHEZ PÉREZ, José Augusto. Cuentos árabes populares. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1952.


LARREA PALACÍN, A. Romances de Tetuán (2 vols.). Madrid: CSIC Instituto de Estudios Africanos, 1952.

DOMENECH LAFUENTE, Ángel. Cuentos de Ifni. Tetuán: Editorial Marroquí, 1953.

IBN AZZUZ HAKIM, Muhammad. Cuentos populares marroquíes. Tomo I:
Cuentos de animales. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1954.

IBN AZZUZ HAKIM, Muhammad. Refranero marroquí. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1954.

MARTÍNEZ VALDERRAMA, Fernando. El cancionero de al-Haik. Tetuán: Editora Nacional, 1954.

IBN AZZUZ HAKIM, Muhammad. Pensamientos y máximas de Sidi Abdurrahman al-Maxdub. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1955.

LARREA PALACÍN, A. Canciones juglaresca de Ifni. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1956.

LARREA PALACÍN, A. Canciones populares de Ifni. Madrid: CSIC, 1957.

IBN AZZUZ HAKIM, Muhammad. Diccionario de supersticiones y mitos marroquíes. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1958.

IBN AZZUZ HAKIM, Muhammad. Folclore infantil de Gumara el-Hai. Madrid: Instituto de Estudios Africanos, 1959.

jueves, 14 de julio de 2011

La expedición a Annual de 1989:

Por: Esteban Alcántara. 13-07-11

 Esteban Alcántara en Igeriben

Han pasado veintidós años de la expedición al Rif que compartí con amigos y compañeros de la Asociación de Estudios Melillenses (A.E.M.), para tratar sobre el propio terreno la topografía y la incidencia de ésta en el llamado “El Desastre de Annual”, una tragedia de grandes proporciones que convulsionó a la opinión pública de nuestro país en 1921, enlutó a millares de hogares españoles y tuvo como consecuencia directa en la política nacional el golpe de estado de Primo de Rivera, para evitar que salieran a la luz las correspondientes responsabilidades en el Congreso de los Diputados, emanadas de llamado “Informe Picasso”, general jurídico y tío del pintor Pablo Picasso. Cuando en el presente mes de julio se cumplen los noventa años del inicio del “Desastre” con la caída de la posición de Igueriben, defendida por el comandante Benítez, malagueño nacido en El Burgo; se va a desarrollar un ciclo de conferencias en el Ateneo de Málaga, durante la semana del 18 al 22 de este mes, junto con una importante Exposición Fotográfica, que nos transportarán a aquellos hechos luctuosos a los que la propia Málaga, por su proximidad con Melilla, no fue ajena. En dos próximos artículos “La Ruta de Annual” y “Tras la huella de comandante Benítez”, se tratará la expedición de 1989. A continuación se cita el calendario del  Ciclo de Conferencias y Exposición.

Ciclo de Conferencias en el Ateneo de Málaga cuando se cumplen los noventa años del Desastre.

Programa de conferencias: 

1ª Sesión. (18/07/, De Málaga a Igueriben

2ª Sesión. (19/07/2011) 2011)
D. Esteban Alcántara Alcaide, historiador, escritor y dibujante. 
Tras la huella del Comandante Benítez
D. Diego Rodríguez Vargas, Presidente del Ateneo.
La memoria de Annual en el Protectorado de Marruecos.

3ª Sesión. (20/07/2011) 
Mesa Redonda: La memoria fotográfica de la campaña de Anual.
Modera José Sanchez Ponce, intervienen Pedro Luis Pérez Frías, Esteban Alcántara Alcaide, Diego Rodríguez Vargas y Rafael Vidal Delgado.

4ª Sesión. (21/07/2011) 
D. Rafael Vidal Delgado, Director/Coordinador del Foro para la paz en el Mediterráneo. 
Consecuencias político – militares de Anual. Del Expediente Picasso al golpe de Primo de Rivera.

5ª Sesión. (22/05/2011)
D. Pedro Luís Pérez Frías, investigador del grupo “Crisol Malaguide”
El lado humano de la tragedia. Héroes y hombres en tierras africanas.  
Todas las sesiones tendrán lugar en el Salón de Actos del Ateneo, a partir de las 20,00 horas.

Exposición: fotografía digital en el salón de actos del Ateneo.
La memoria fotográfica del Desastre de Annual y de la Guerra de África. Imágenes para el recuerdo.

martes, 3 de mayo de 2011

Debate: Annual” Debate para el Siglo XXI

2ª Parte: El Debate (Análisis Jurídico)

Día: sábado 7 de mayo de 2011

Lugar: Hotel TRYP Melilla Puerto

Hora: 19,00

Nota: La 2ª parte “El Debate” proyectado para el día 7 de mayo estará dirigido por un moderador, quien intervendrá como Fiscal , que nos dirigirá y dará o retirará la palabra como él crea conveniente.

Existirán un oponente y un defensor por el personaje elegido por vosotros, para que los asistentes hagan su propia opinión tras los relatos expuestos.

Con esto nos hemos propuesto llevar a cabo un debate sobre las responsabilidades de los personajes que estuvieron involucrados en los tristes sucesos del verano de 1921, en la Zona Oriental del Protectorado Español en Marruecos, conocido como "El desastre de Annual".

domingo, 24 de abril de 2011

“Annual” Debate para el Siglo XXI


1ª Parte: Los Acontecimientos

Conferencia de Juan Tomas Palma Moreno

Día: sábado 30 de abril de 2011


2ª Parte: El Debate (Análisis Jurídico) 

Día: sábado 7 de mayo de 2011

Lugar: Sala de Armas del Almacén de San Juan
(Sede de la Asociación de Estudios Melillenses)

Hora: 19,30


Nota: La 2ª parte “El Debate” proyectado para el día 7 de mayo estará dirigido por un moderador, quien intervendrá como Fiscal, que nos dirigirá y dará o retirará la palabra como él crea conveniente. El lugar previsto es la sede de la Asociación de Estudios Melillenses, pero dependerá del número de asistentes que se prevea asistan.

Podrá participar todo aquel que lo desee. Pero para poder llevar un orden y hacer las intervenciones lo más amenas posibles, necesitamos saber las personas que estarán dispuestos a intervenir. Para ello podéis dirigiros mediante la vía que creáis oportuna a la AEM.

Existirán un oponente y un defensor por el personaje elegido por vosotros, para que los asistentes hagan su propia opinión tras los relatos expuestos.

Con esto nos hemos propuesto llevar a cabo un debate sobre las responsabilidades de los personajes que estuvieron involucrados en los tristes sucesos del verano de 1921, en la Zona Oriental del Protectorado Español en Marruecos, conocido como "El desastre de Annual".

Con el exclusivo ánimo de aprender de todos un poco más sobre este tema. Sin ningún ánimo de tratar de descalificar, desacreditar o menospreciar, a ninguna persona  o institución. Ya que la actuación de cada uno de dichos personajes fue personal y sólo las instituciones oficiales fueron las que les pudieron pedirles cuenta y considerarles culpables o inocentes.

viernes, 22 de abril de 2011

In memory Constantino Domínguez Sánchez

Santiago Domínguez Llosa
Historiador miembro de la AEM

Introducción

El 23 de abril de 1979 fallecía en nuestra ciudad de forma inesperada Constantino Domínguez Sánchez a la anticipada edad de cuarenta y siete años. Su aportación a la Historia de la ciudad y en concreto al Museo Municipal, fue de especial trascendencia, ya que con su actuación se realizó el primer inventario y catálogo de los objetos arqueológicos y documentales allí expuestos, dándole el carácter científico que la institución requería.

Apuntes Personales

Constantino Domínguez nacía en Tetuán en 1932, destacando desde su infancia por sus ansias de aprender y su curiosidad innata que le llevaría a interesarse de forma muy aplicada por los estudios, finalizando su bachillerato en el Colegio del Pilar de Tetuán. De forma continuada obtuvo los títulos de Perito, Profesor e Intendente Mercantil.  En 1953 ingresó como funcionario en Hacienda llegando a pertenecer por oposición, al grado de Técnico Superior de la Administración del Estado.

En 1956 al concederse la independencia a Marruecos, ostenta el cargo de Jefe de Sección del Registro de Hacienda en el Protectorado.  La administración española entrega la gestión al nuevo Estado, quedando como jefe de la misión civil española encargada del traspaso a las nuevas autoridades, por el que recibiría al termino de la misma la felicitación tanto del ministro español del ramo como del mismo Rey Mohamed V. Permaneciendo en Marruecos hasta el año 1960, siendo destinado a Melilla este mismo año como Administrador de Tributos de la Delegación de Hacienda.

Su preocupación intelectual le lleva a interesarse por la historia de la ciudad a su llegada, devorando más que leyendo, todo lo publicado. Aquí empieza su labor investigadora en los fondos locales y en otros archivos nacionales, en una  época en la que en Melilla había muy pocas personas que se interesasen por la historia y la investigación. 

Al poco tiempo de su llegada tiene la suerte de conocer a D. Francisco Mir Berlanga, Alcalde y Director del entonces Museo Municipal de Melilla con quien le unirá una gran amistad y a quien siempre considera como su maestro.

Constantino Domínguez aprovechaba su poco tiempo libre en profundizar en la historia de la Ciudad y aunque no dejaba de lado ningún tema, también le dedico gran parte de este a su museo.

Fruto de esos estudios fue la publicación a partir de 1969 de pequeños artículos en la prensa local e incluso en algunos medios nacionales, que acabaron siendo un referente y muy conocidos en la ciudad bajo el término de ”Melillerías”. Por lo que no es de extrañar que en tres ocasiones obtuvieran algunos premios de periodismo que en aquellos años otorgaba el Ayuntamiento.

Constantino Domínguez Sánchez y el Museo de Melilla


Uno de los lugares preferidos por Constantino para pasear por la ciudad era Melilla la Vieja o más concretamente el primero de los Recintos Fortificados.  Dentro de ella, era obligada la visita al Museo Municipal que estaba ubicado en el Baluarte de la Concepción, instalación existente desde el siglo XVI y que había dado cabida anteriormente al Museo, a una torre de vigilancia sobre un baluarte o “Caballero”, ampliada y reformada en el siglo XVIII hasta quedar unida a un almacén de pólvora de dos plantas a prueba de bombas, al aterrazar su cubierta a dos aguas utilizadas como magníficas batería con vistas sobre la costa y altura del “Cubo”. Fue en este lugar, donde comenzó a tener contacto  con los objetos allí expuestos, familiarizándose pronto con ellos.


El Museo se instala en estas dependencias en el año 1953 siendo su fundador y primer director D. Francisco Mir Berlanga. Se trataba de un Museo de carácter generalista en el que tenían cabida objetos y documentos que estuvieran relacionados con la historia de la ciudad, para lo que se dividió en dos secciones: Arqueológico-Histórico y Documental.

Señalamos sus palabras publicadas en “Melillerías” y que las recoge el diario Sol de España en 1969 al respecto: “... El Baluarte de la Concepción, perfectamente restaurado y en el que se encuentra instalado el Museo Municipal, pequeña joya que conserva los restos de la antigua necrópolis de San Lorenzo, que hablan de siglos de la importancia de Melilla en aquellos tiempos, así como una interesantísima colección de documentos relacionados con la historia de la ciudad”

 A mediados de los años 70, D. Francisco Mir Berlanga, ya jubilado, empieza a ausentarse con bastante frecuencia de la Ciudad, designando como Secretario del Museo en el año 1976 a Constantino, quien desde este momento se dedicó en cuerpo y alma y de manera altruista al estudio y desarrollo de la mejora de las instalaciones y contenidos expositivos.

Hay que recordar que esos momentos el Museo era una especie de almacén de objetos, algunos procedentes de las excavaciones de principios del siglo XX y otros como consecuencias de hallazgos fortuitos, cesiones o donaciones, pero todas ellas distribuidas sin contexto alguno en unas vitrinas y armarios de madera forradas en terciopelo rojo con unas estrechas puertas de cristal y con una muy deficiente iluminación que se veía agravada por la presencia en las ventanas de unas láminas de celofán amarillo que tenía como finalidad impedir la entrada de la luz del sol para evitar el deterioro de las piezas expuestas, especialmente la colección de documentos históricos. El resultado de  todo ello llevaba a que no se pudieran apreciar las magníficas piezas que albergaba la instalación, agravado aún más por la  falta de un catálogo o inventario de los bienes del Museo, aunque existían una serie de fichas incompletas de las piezas.

Constantino Domínguez se empeñó en la tarea de cambiar esa situación a todas luces insuficiente para exponer y enseñar a los visitantes la Historia de Melilla; Tenía claro que la actuación debía ir encaminada a dos frentes: por un lado la instalación de los objetos y por otro la clasificación, documentación e inventarización de los mismos. los primeros momentos fueron algo complicados ya que a la falta de fondos para emprender las reformas se unía un cierto inmovilismo por parte de D. Francisco Mir, que no acababa de entenderlas del todo.

En 1976, y aprovechando un largo viaje que el Director emprendió por Extremo Oriente, Constantino Domínguez inició una serie de contactos con empresarios y comerciantes de la ciudad para obtener fondos y otras ayudas para el Museo, consiguiendo al final llevar a cabo la ansiada reforma.  Así, un conocido industrial de la ciudad conocido como A. Moreno puso de su bolsillo la nueva instalación eléctrica; otros comerciantes, entre ellos un joven Ayu Lalchandani, se encargaron de aportar fondos para la adquisición de mobiliario. Por su parte, algunos operarios de los servicios operativos del Ayuntamiento, emplearon su tiempo libre en el saneamiento de paredes y techos y en la instalación del agua.  Al final, el esfuerzo de Constantino Domínguez ayudado por Manuel Cuenca Toro, y la desinteresada ayuda de esos comerciantes e industriales, convirtieron aquellas oscuras y deficientes dependencias en unas salas que si bien hoy no cumplirían los requisitos mínimos, en aquel tiempo constituyó una auténtica revolución en materia de espacios expositivos y además con un coste cero para las arcas municipales.

Una vez solucionado el tema expositivo, asumió la segunda y complicada tarea de llevar a cabo una catalogación exhaustiva de las piezas. Para ello, se procedió a fotografiar cada una de ellas, siendo remitidas las copias a Constantino Unguetti, arqueólogo jienense que pasaba sus veranos en Melilla, y que adquirió el compromiso no sólo de restaurar muchas de ellas, sino también de documentarlas, con lo que en un relativo medio plazo, se  consiguió igualmente realizar un inventario de las piezas expuestas en el Museo, inscritas en dos libros, uno de Registro General de Objetos propiedad del Museo, con 552 registros y otro de Objetos en Depósito con 77 registros. Este inventario se mantuvo inalterable y sin ninguna modificación hasta el año 2003 en el que los técnicos proceden a actualizarlo siguiendo la normativa vigente e incrementándolo en 2440 registros arqueológicos.

Constantino Domínguez tuvo también un interesante papel en temas arqueológicos. En los años 70 no había en la ciudad ningún arqueólogo profesional, por lo que  cualquier hallazgo debía ser comunicado al Ministerio de Cultura de Madrid que enviaba a esta plaza militar, si lo estimaba oportuno, alguno de los de su plantilla, lo cual a veces hacía que cuando se decidía su envío los restos hallados hubieran desaparecido. Por ello cuando se producía algún hallazgo, las autoridades llamaban de inmediato a Constantino Domínguez para que evaluara lo encontrado. Aunque no fuera arqueólogo, contaba por un lado con la experiencia de haber participado en su juventud en las excavaciones realizadas en las cercanías de Tetuán, especialmente las llevada a cabo en Tamuda por Tarradell y por otro, con que los objetos hallados tenían gran paralelismo con los que él conocía.  Quizás su aportación más relevante en este sentido fue el trabajo de documentación llevado a cabo cuando en las Navidades de 1973, unos derrumbes en la carretera de la Alcazaba producidos por las obras del nuevo acceso del Parador de Turismo, pusieron al descubierto unas oquedades semiesféricas que se describieron como fosas dentro de las cuales aparecieron gran cantidad de fragmentos de cerámica.  De nuevo ante la inexistencia en la ciudad de personal especializado, se recurrió a Constantino Domínguez, quien, según consta en la prensa local (Telegrama de Melilla, Domingo, 6 de Enero de 1974), “... Estas excavaciones están siendo dirigidas por el momento por D. Constantino Domínguez Sánchez, enamorado de la Historia de la ciudad e investigador de la misma.”. quien formó un pequeño grupo de voluntarios, en su mayoría estudiantes, entre el que se encontraba Jesús Miguel Sáez Cazorla, actual Presidente de la Asociación de Estudios Melillenses, para analizar lo hallado. Después de estudiar los restos y las referencias bibliográficas, fueron datados como de época púnica, entregándose los restos en el Museo Municipal para su custodia después de haber sido documentados.

No fue la única ocasión en las que las autoridades recurrieron a nuestro protagonista para datar o documentar algunos de los hallazgos.  Prácticamente en cada obra que se hacía en Melilla la Vieja aparecía algo: una lápida, un trozo de metal oxidado, etc.  Todos ellos eran documentados y entregados en el Museo Municipal.  Precisamente en la mesa, el día de su muerte dejó el primer boceto de la “Melillería” que, todavía sin título, trataba de los hallazgos arqueológicos que se habían encontrado en Melilla en los últimos años.

Su interés por la difusión del Museo y de la Historia sigue siendo patente cuando en 1978 le encarga el Ayuntamiento la realización de una Guía Turística de Melilla, publicada en febrero de 1979 y en la que a través de la misma podemos dar un paseo por la Historia de la ciudad a través de los Recintos Fortificados y un recorrido por las diferentes salas del Museo.

Y esta es en breves líneas, la trayectoria vital de Constantino Domínguez Sánchez, un melillense de corazón aunque hubiera nacido en otro lugar y que tras su familia, tuvo siempre pasión por la historia de Melilla, por su patrimonio y por su Museo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Centenario de la Campaña del Kert


Conferencia de Ramón Gutiérrez López

Lugar: Sala de Armas del Almacén de San Juan

(Sede de la Asociación de Estudios Melillenses)

Día: sábado 9 de abril de 2011

Hora: 19,30

viernes, 3 de diciembre de 2010

Marruecos y los marroquíes en la propaganda oficial del Protectorado (1912-1956)

Eloy Martín Corrales 

Publicado en: Mélanges de la Casa de Velázquez  p. 83-107 [En ligne], 37-1 | 2007, mis en ligne le 08 novembre 2010, consulté le 17 novembre 2010. URL : http://mcv.revues.org/2942

Resumen
Las autoridades españolas del Protectorado fomentaron una imagen idealizada de Marruecos a través de la iconografía, en la que se basaba la representación de la colonia en las exposiciones nacionales e internacionales y en las actividades fomentadoras del turismo (carteles, sellos, postales, etc). Se priorizaron, enalteciéndolas, las formas de vida tradicionales (artesanos, vendedores, paseantes, agricultores, pastores, pescadores, etc.) enmarcadas en un clima pacífico, laborioso y pulcro, e impregnadas de paternalismo. En esa imagen tan tradicional no hubo mas remedio que incluir, aunque con cuentagotas, ejemplos gráficos de la modernización que introducía la nación « protectora » : aviones, automóviles, barcos, trenes, fábricas, puentes, carreteras, escuelas modernas, etc. Sin embargo, la imagen resultante, respetuosa aunque paternalista para con los colonizados, coexistía con la negativa percepción que de los marroquíes habían mostrado, y seguían mostrando todavía, los orientalistas y los colonialistas de antaño, así como buena parte de la producción iconográfica debida a la iniciativa privada en esos mismos momentos.

Palabras clave: Propaganda, Marruecos, Cine, Exposiciones, Filatelia

La imagen de Marruecos y de los marroquíes ha merecido una atención considerable en los últimos años en España. Una nutrida serie de monografías ha destacado la cascada de estereotipos y clichés que se abatió sobre el citado país y sus habitantes, en especial a raíz de que, en 1912, se proclamara el Protectorado y quedaran sometidos al colonialismo conjunto franco-hispano1. 
En las presentes líneas centro mi atención en la producción iconográfica oficial elaborada por las autoridades colonialistas del Protectorado Español de Marruecos. La legitimidad del mandato internacional que Francia y España habían recibido de las potencias participantes en la Conferencia de Algeciras de 1906, obligaba a ambas potencias a otorgar un trato respetuoso a los colonizados. En el caso hispano, la propaganda gráfica generada por la administración colonial fue tardía debido a que la completa conquista y paralela «pacificación» del territorio que le fue asignado no finalizó hasta 1927. No debe extrañar que una temprana imagen oficial de los marroquíes sea la que aparece en los certificados de concesión de las Medallas de la Paz de Marruecos, en cuya parte gráfica aparecen numerosos marroquíes, a pie y a caballo, en el momento de entregar sus armas2.

La producción iconográfica de la administración colonial española sobre Marruecos (así como la generada en la propia metrópolis) y la imagen que pretendía ofrecer de este país perseguía un objetivo perfectamente marcado. Dado que, gracias a la legitimación internacional de la época, España desempeñaba el papel de potencia «protectora» de Marruecos, no podía sino cubrir, por muy nominalmente que fuera, el papel que le fue asignado en lo tocante a modernizar y «civilizar» a los marroquíes. De ahí que la administración colonial se preocupara especialmente de presentar a Marruecos en eventos nacionales e internacionales con el objetivo de dar a conocer todos los cambios positivos que su «misión civilizadora» iba introduciendo en el país. Lo mismo hay que decir de la tarea de publicitar a Marruecos como destino turístico de gran interés, cuyo desarrollo era presentado como fruto de la bienhechora actividad de la potencia colonizadora. Se trataba de convencer a los gobiernos y a la opinión pública europea (así como a la española) de la bondad del colonialismo hispano. También se aspiraba a convencer a los propios marroquíes de las bondades de la tutela colonial, especialmente en el terreno de la sanidad, de las obras públicas, de la educación, etc. La propaganda administrativa, los carteles turísticos, los sellos de correo, los documentales cinematográficos, las postales, así como la forma de presentar Marruecos en exposiciones tenían como finalidad contribuir al cumplimiento de tales objetivos, al tiempo que ofrecer una imagen positiva y risueña de Marruecos.

Fomento del turismo en Marruecos

La potenciación del turismo en el Marruecos español no puede explicarse al margen del nacimiento y desarrollo del turismo en la propia metrópolis. El fomento de esta actividad vino a coincidir con un ambiente en el que se impuso la defensa de la tradición concebida como el arma más eficaz para crear una arquitectura del Turismo. Dado el peso del patrimonio monumental de la época de al-Andalus (Alhambra, Giralda, Mezquita de Córdoba, etc.) los presupuestos tradicionalistas fueron trasplantados sin mayores dificultades al Protectorado de Marruecos, especialmente si tenemos en cuenta que proporcionaban argumentos a aquellos que enfatizaban acerca de una historia hispano-marroquí común, utilizada como uno de los argumentos legitimadores de la presencia colonial española en el país vecino3.

En 1919, la Comisaría Regia del Turismo promovió la conservación y restauración de los monumentos de Tetuán, mediante la creación de una Sociedad de Turismo. Ese mismo año, se creó la Junta Superior de Monumentos  Históricos y Artísticos de la Zona española, dependiente de la Alta Comisaría y con sede en Tetuán. Entre sus objetivos figuraban los de catalogar y conservar el patrimonio arquitectónico y artístico, evitar que las medinas perdieran su «carácter típico» y poner en marcha oficinas de información que se ocuparan de editar folletos turísticos y organizar itinerarios para los posibles turistas. Un álbum publicado por el citado organismo en 1927 (fig. 1), redactado por Emilio Tubau y Mariano Bertuchi, marcó la pauta de la presentación de Marruecos que se impondría en las tres décadas siguientes por encima de los cambios políticos operados en el citado período. Tetuán era descrita como:
La bella ciudad mora, de carácter profundamente oriental, misteriosa por el misterio de sus sombríos callejones, la ciudad de las fuentes y de las mezquitas, enclavada en las faldas del Yebel Dersa, es una mancha blanca que triunfa sobre el verde brillante de las huertas y cubre la extensa vega regada por el Uad el Helu4.

Continuaba alabando a la ciudad, aunque destacando la presencia hispana, argumento utilizado para legitimar el dominio colonial español:

Ciudad de rancio abolengo literario y aristocrático, cuna de hombres eminentes y guardadora de apellidos hispanos y de ricos y conmovedores tesoros históricos, tales como la capilla donde oyó la primera misa en 1860 nuestro Ejército, el cementerio de los héroes de aquella gloriosa etapa, la Plaza de España, la casa del Barón de Riperdá, Ministro de Felipe V, la de Alarcón, donde escribió su Diario de un testigo5.

Image 1
Fig. 1.— Portada del folleto Junta Superior de Monumentos Históricos y Artísticos, Inspección de Bellas Artes y Comisión de Turismo,Tetuán, 1927 (archivo del autor).
 
La parte gráfica del folleto6 se componía de nueve dibujos (uno en la portada y los ocho restantes intercalados en el texto) más cinco láminas intercaladas («El Borx del Mendri», «Garsa Quebira», «Plazoleta de Uasaa», «Tintoreros» y «Babucheros»), todas obra de M. Bertuchi. Al final venía un plano de la ciudad a escala 1: 2.500 con un recorrido recomendado y señalado con flechas. En definitiva, una aproximación a Marruecos a través de diversos aspectos de la vida cotidiana de Tetuán, en la que se presentaba a los marroquíes como vitalistas, laboriosos y pulcros. También de 1919 data la creación de la Escuela de Artes y Oficios (que, en 1930, pasó a llamarse Escuela de Artes Indígenas, y en 1947 Escuela de Artes Marroquíes) con la misión de recuperar las antiguas actividades artesanales (cerámica, alfombras, platería, cueros, textil, calderería y cincelado, herrería y forja, ebanistería y talla y pintura decorativa), cuya producción debía satisfacer la demanda de productos artesanales locales, exhibirse en la Península y mostrarse a los españoles y extranjeros que visitaran Marruecos. En 1928 se fundó la Escuela de Alfombras en Xauen, dependiente de la Escuela de Arte Marroquí de Tetuán. Posteriormente, en 1940, la Escuela de Artesanía de Tagzut7.

En 1930 se creó el Comité Oficial de Turismo de Marruecos, organismo que debía trabajar por el desarrollo del turismo local (lo que implicaba alentar la construcción de infraestructuras viarias y equipamiento hotelero). Hay que registrar indudables éxitos como la creación en 1930 del Museo Arqueológico de Tetuán, aunque también fracasos, ya que el Comité, escaso de recursos, tuvo que desprenderse del pabellón marroquí de la Exposición Ibero-Americana de Sevilla de 1929 que le había cedido la Alta Comisaría8.

Los citados organismos e instituciones desplegaron una importante actividad productora de folletos y guías turísticas. Poco antes de la proclamación de la Segunda República, el Patronato Nacional de Turismo (Oficina Nacional Española de Turismo) editó un despegable en tabloide, «Marruecos», en tres idiomas (castellano, francés e inglés), reeditado poco después (casi idéntico salvo la leyenda de la portada). Algunos de los ejemplares llegados a nuestros días se conservan con la sobreimpresión «República española». A partir de 1930, el Comité Oficial de Turismo de Marruecos editó una serie de folletos referidos al conjunto del país y a determinadas localidades y regiones: Arcila, Larache, Xauen, Larache-Alcazarquivir, Ketama y el Rif. Se editaron las versiones castellanas, francesa («Maroc espagnol»), inglesa («Spanish Morocco») y alemana («Spanisch Morokko»).

Durante el período franquista también se editaron varios folletos: «Marruecos», «Marruecos. Tetuán. Chauen. Ketama», «Una semana en Marruecos», publicados por el Servicio de Turismo de la Alta Comisaría9. También apareció un Boletín de Información Turística, dependiente de la Alta Comisaría, que proporcionaba información sobre temas tan diversos como travesías y tarifas, combustibles para los visitantes con vehículo propio, líneas de autobuses, aeródromos, distancias, alojamientos, divisas, puestos fronterizos y documentación necesaria para visitar la zona, así como sobre las principales localidades a visitar: Tetuán, Xauen, Arcila, Larache, Alcazarquivir, Ketama, Targuist, Villa Sanjurjo, la actual Alhucemas, además de Ceuta, Melilla y los peñones. Incorporaba dos «Planes de viaje por Marruecos». El primero, «Una semana en Marruecos» con etapas en: Algeciras, Ceuta, Castillejos, Tetuán, Xauen, Larache, Arcila, Alcazarquivir, Ceuta y Península. El segundo, con quince días de viaje, añadía, al trayecto anterior, el siguiente: Tetuán, Ketama, Zoco Tleta, Villa Sanjurjo, Melilla, Nador, Cabo Tres Forcas y salida para Málaga10.

Es de interés destacar que todos los folletos citados11 hacían hincapié en aspectos de la vida cotidiana en un contexto muy tradicional. Sin embargo, hubo excepciones. En los folletos se incluían, como hemos visto, información acerca de los aeródromos existentes12 y, especialmente, sobre los modernos equipamientos hoteleros construidos por la administración colonial (la hospedería de Xauen y el parador de Ketama), de los cuales se intercalaban fotografías13.

También se editaron numerosos carteles turísticos, destacando la actividad del Comité Oficial de Turismo: «Marruecos. Tetuán», «Alcazarquivir», «Arcila», «Chauen», «Larache», «La Vega de Alhucemas», «Ketama» y «Tánger». Por lo regular se resaltaba el hecho de que tales lugares se encontraban «A hora y media de España»14. Los carteles fueron acaparados casi en su totalidad por Mariano Bertuchi, pintor granadino establecido en Tetuán entre 1913 y 1918. Desde éste último año hasta 1928, los vivió en Ceuta. A partir de 1928 y hasta su muerte en 1955 residió en Tetuán. Director de la Escuela de Artes Marroquíes, creador y director del Museo de Tetuán, produjo una ingente obra sobre el Protectorado (pinturas, carteles, postales, sellos, dibujos, etc.). En los carteles que compuso para el Comité Oficial de Turismo, el «Protectorado de la República española en Marruecos» o el «Protectorado Español», nos presenta un Marruecos que, aunque anclado en la vida tradicional, siempre es tratado respetuosamente (laboriosidad, calles y ciudades limpias, comportamiento ordenado de los personajes que aparecen en las escenas, incluso en el caso de aglomeraciones, etc.) e introduce símbolos de modernidad (coches, camiones, autobuses, aviones, trenes y barcos). Sin negar una fuerte impronta paternalista en la visión de Bertuchi no es menos cierto que, por encima de ella, se impone su visión respetuosa. No en balde es considerado en la actualidad como un pintor marroquí y como el creador de la fertilísima Escuela de Tetuán15. Por último, cabe señalar que se editaron varías guías del Protectorado en general y de Tetuán en particular. Sólo fijaremos nuestra atención en el Anuario: guía oficial de Marruecos y del África española: comercio y turismo, publicado en 1929 con la indicación en sus primeras páginas de que había sido «declarado de utilidad para el Ejército por R. O. de 31 de diciembre de 1927»16.

Marruecos en las exposiciones españolas

El Marruecos español, o Jalifiano, participó (o fue representado), en diversas encuentros económicos y culturales que se celebraron en España desde mediados de la década de los años 1920 hasta el momento de la independencia marroquí (1956). Su presencia en tales eventos fue tardía como consecuencia de que hubiera que esperar hasta 1927 para que la «pacificación» de la zona fuera completa.

En 1924 se celebró en Tetuán la Exposición Hispano-Marroquí organizada por el Centro Comercial Hispano-Marroquí de Madrid, así como otros centros similares y las Cámaras de Comercio e Industria de Cádiz, Málaga, Palencia, Zamora y Logroño. En 1929, fracasaron unos intentos de celebrar una Exposición Internacional Africana, ya fuese en Las Palmas de Gran Canaria o en Ceuta. Ese mismo año Marruecos estuvo presente en la Exposición Ibero-Americana de Sevilla. El Pabellón de Marruecos, o pabellón «moruno» (que junto con los de Guinea y El Sáhara formaban parte de una Exposición Colonial), llevó la firma de José Gutiérrez Lezcura, aunque contó con la colaboración de Mariano Bertuchi y Antonio Got (los tres ostentaron la dirección de la Escuela de Artes Indígenas de Tetuán), con la pretensión de que se convirtiera en la imagen de la zona española de Marruecos de cara al exterior. Se componía de un edificio que combinaba la apariencia de una vivienda de familia notable y la de una mezquita provista de alminar y cúpula, tal como muestra una postal editada por el Patronato Nacional del Turismo (fig. 2). Al exterior era blanco con azulejería verde, mientras que en el interior destacaban la policromía de alicatados y taraceas. Un patio árabe, con su correspondiente fuente (fig. 3)17, daba paso al «salón moro» (recreación de una vivienda noble), a la sala de la «colonización» (ornada con productos agrícolas y mineros) y a la «sala de arte» (en la que pintores españoles mostraban cómo veían el Protectorado). Adjunto al edificio, aunque con acceso independiente, se situó un «parque comercial marroquí» de iniciativa privada y compuesto por un bazar, un café y una alcaicería. Desde la revista África. Revista de tropas coloniales, se argumentó que «se trataba de representar a Marruecos con arte marroquí». Los objetos expuestos daban cuenta del estado de la artesanía (cerámica, alfombras, cueros labrados, marquetería, pintura decorativa, forja, etc.) y procedían del Museo de Artes Indígenas y de la Escuela de Artes e Industrias Indígenas de Tetuán, así como de las colecciones reales españolas. El pabellón, custodiado por cuatro miembros de Regulares, fue cedido tras el evento al Patronato Nacional de Turismo18. La labor educativa que debía realizar el pabellón no debió de ser muy intensa. Un par de fotos del personal del pabellón, seguramente a la venta durante el evento (figs. 4 y 5), fue la ocasión para introducir comentarios que indican que el camino que llevaba el respeto hacia el Otro, en este caso los marroquíes, apenas si se había comenzado a andar. En la fig. 4, curiosamente, aparece escrito a mano: «Un pabellón hebreo». Sin embargo, no hay constancia de que existiera un espacio dedicado a los judíos. En esta misma foto, en el dorso, figuraba el siguiente comentario, visiblemente debido a una mano distinta de la anterior: «Exposición de Sevilla. Grupo de bellas y feas moritas en su pabellón. Junio de 1929. Para mi amigo Valerio de su amigo Arquallata». En la fig. 5, el comentario era más moderado: «Moras y moritos en Sevilla. Junio año 1929»19.
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Fig. 2.— Postal «Exposición Ibero-Americana. Sevilla. Pabellón de Marruecos»,editada por el Patronato Nacional de Turismo

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Fig. 3.— Postal «Exposición Ibero-americana. Pabellón Moro» (L. Roisin, Barcelona)
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Fig. 4.— Fotografía del Pabellón de Marruecos en la Exposición de Sevilla de 1929 (archivo del autor)
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Fig. 5.— Fotografía del Pabellón de Marruecos en la Exposición de Sevilla de 1929 (archivo del autor)

Posteriormente, en 1932 se celebró el Primer  Congreso Hispano-Marroquí en Madrid, completado con una Exposición Permanente en el Palacio de Cristal del Retiro. Los objetivos fueron los de potenciar los intercambios comerciales hispano-marroquíes y el conocimiento mutuo de ambos países. El II Congreso Hispano-Marroquí volvió a celebrarse en la villa madrileña en 1935, esta vez organizado por la Asociación de Estudios Coloniales de Melilla20. En 1933 tuvo lugar la Exposición Hispano Africana en Granada, centrada en el objetivo de impulsar «una acción ampliamente cultural y civilizadora en nuestra zona de protectorado»21. Fruto de la exposición fue la creación del Instituto de Estudios Arábigos y Coloniales, que se compuso de un centro de estudios y de un bazar permanente de muestra de productos marroquíes. En esta ciudad se repitieron los eventos, ahora como Exposición de Artes Granadinas y Marroquíes en 1935, 1936 y 1939.

Marruecos también participó en la Primera Exposición Colonial de Melilla de 1930. La prensa de Barcelona insertó tres fotos de los productos marroquíes exhibidos, con sus correspondientes leyendas, que podemos considerar como compendio de la presencia marroquí en tales certámenes. La primera, dedicada a las alfombras: «Ricas alfombras elaboradas en Tagsut, Kettama, que fueron expuestas en la Exposición de Productos Marroquíes, que con tanto éxito se viene celebrando en esta plaza». La segunda, a los productos agrícolas: «Muestras de calabazas de las huertas de Nador, que fueron premiadas en la Exposición de Productos Marroquíes, donde llaman la atención por su enorme tamaño, fuera de lo corriente en los productos del país». La tercera, dedicada a la artesanía: «El Stand de alfarería y cestería de la región de Kettama y en el que llamaron poderosamente la atención los objetos expuestos por la delicadeza de su labor y por la finura de sus dibujos y colores»22. Los productos marroquíes estuvieron también presentes en la Exposición de Artesanía de la misma ciudad (1931, 1934 y 1939), así como en las Ferias de Muestras de Ceuta (1934 y 1935).

Tras la Guerra Civil la presencia de Marruecos fue destacada en diversos certámenes de índole cultural y comercial celebrados en varias ciudades españolas: Granada (Exposición de Artes Granadinas y Marroquíes en 1940), Melilla (Exposición de Artesanía de 1945), Córdoba (Exposición de Arte Marroquí de 1946, que incluyó la construcción de un «barrio moro») y Madrid (Exposición de Artes Decorativas de 1946 y 1949). También en Tetuán (Exposición de Artesanía Hispano-Marroquí de 1947 y 1953) y en Tánger (Exposición de Artesanía de 1955).
18Pero donde Marruecos tuvo más importancia fue en las Ferias de Muestras de Barcelona (al menos entre 1942 y 1953) y en las Ferias Muestrario Internacional de Valencia (de 1942 a 1950). En tales certámenes, además de los tradicionales productos de la artesanía marroquí se expusieron diversos artículos industriales fabricados en el Protectorado: esparto, crin vegetal, calzado, curtidos, conservas de pescado, productos mineros, tabaco (de la Tabacalera Marroquí) y fósforos (de la Fosforera Marroquí). Debe tenerse en cuenta que la potenciación de la industria marroquí, su exposición y, especialmente, su exportación hacia la Península estuvo totalmente relacionada con las terribles dificultades económicas de la España aislada de la autarquía franquista.

Es de destacar que en los carteles valencianos de los años 1942, 1943, 1947 y 1950, Marruecos aparece con identidad propia: bandera verde con una estrella de seis puntas, en realidad la bandera del Jalifa, representante del Sultán marroquí en la zona española23. Lo mismo hay que hacer constar en el caso de Barcelona, en el que la propaganda semioficial incluía a la representación marroquí entre «las naciones cultas y progresivas del orbe», tal como exponía un semanario de la época al comentar el cartel de 1953:.

El autor del cartel anunciador de la Feria de Muestras, ha sabido plasmar, en este nudo simbólico, la estrecha fraternidad que existe entre las naciones cultas y progresivas del orbe, con vistas al más perfecto desarrollo económico de los pueblos24.

Sin embargo, el peso del tradicionalismo seguía pesando en la imagen que se ofrecía del país colonizado. En la XXIII Feria Muestrario Internacional de Valencia, se editó un folleto dedicado a la presencia de Marruecos en el evento, en cuya portada aparece al fondo, sobre el alminar de una mezquita, un marroquí con tarbuch25.

En las Ferias de Muestras de Barcelona fueron hegemónicas las referencias a la artesanía y a las escenas de la vida cotidiana, aunque también tuvo cierta importancia las dedicadas al desarrollo industrial y a la modernización de Marruecos. En la Feria de 1942, el pabellón marroquí incluía talleres y exposición de artesanía, una exposición de pinturas de M. Bertuchi y otra exposición filatélica26. En la de 1944, XII Feria de Muestras, la Compañía Española de Minas del Rif expuso una colección de muestras de minerales, numerosas fotografías ampliadas de sus instalaciones, varias vistas y planos «en aguada» de Uixan (su principal yacimiento) y de la zona minera próxima a Melilla y un gráfico de las exportaciones de mineral desde que comenzó su explotación. También presentó varias maquetas: la torre del cargadero de minerales accionada por motorcitos, la maqueta de un vagón de descarga automática con una capacidad de veinte toneladas, de una vagoneta basculante con cambio de vía, de hornos y de una instalación de desulfuración. Se advertía que:

El conjunto de estas maquetas, montado sobre mesas plegables, reproduce los elementos más importantes de la Compañía Española de Minas del Rif, en forma asequible al gran público; para que éste pueda darse cuenta perfecta de cómo funciona la extracción del mineral y sus sucesivas manipulaciones de producción, a cargo de tan meritoria empresa27.

A iniciativa de la Alta Comisaría de España en Marruecos se creó una Sección Informativa de Economía Marroquí de Barcelona:

Fue creada en Barcelona, por designio de S. E. el Alto Comisario de España en Marruecos, Teniente General don Luis Orgaz Yoldi, al objeto de dar a conocer las posibilidades económicas de la Zona, entre los españoles y especialmente en esta región, de la que es proverbial su espíritu de empresa28.

Es de destacar que los catálogos de 1942 y 1944 incluían en sus respectivas portadas y contraportadas los mismos dibujos de M. Bertuchi.

A pesar del interés en mostrar avances en el desarrollo económico, las autoridades españolas siempre primaron una imagen tradicional de Marruecos en la que la artesanía terminaba desplazando a la moderna industria. Sirvan los siguientes ejemplos.

En la citada XII Feria de Muestras de Barcelona se expusieron 173 «Cuadros en Tecnicolor. Fotografías originales de Diodoro» de los cuales 162 se referían a escenas de zoco, paisajes de mezquitas, murallas, etc. Las once fotografías restantes daban cuenta de las obras hidráulicas construidas por la administración colonial29. El catálogo del pabellón marroquí en la citada Feria exaltaba la misión evangelizadora al llamar la atención de lo poco que se conocía a Marruecos:

Su estudio, a medida que se penetra en su intimidad, es sugestivo y tan atrayente, que, a su conjuro, nacen verdaderas vocaciones marroquíes y coloniales, que España necesita para continuar su misión evangelizadora, atenta siempre a la finalidad superior de preparar las almas, para un Reino que no es de este mundo30.

En la XIII Feria de Muestras de Barcelona, celebrada en 1945, el tradicional concurso de carteles fue ganado por Morell, que representó a un hombre y a una mujer marroquíes que, vestidos a la usanza de su país y de impoluto blanco, presentaban telas, cerámica y objetos de adornos. Uno de los carteles desechados, firmado por un tal Juan José, presentaba a un marroquí en primer plano y, al fondo, fábricas, un viaducto y un trazado ferroviario31.

Finalmente, hay que destacar la presencia de Marruecos en algunos certámenes internacionales, en especial en las Ferias de Muestras: Marsella (1933), Berlín (1941), Leipzig (1942) y Basilea (Exposición Internacional del Cuero y la Piel  de 1947)32.

Marruecos en el cine documental  

El cinematógrafo fue ampliamente utilizado para enaltecer y dar cuenta de la guerra de conquista que el ejército español llevaba a cabo en Marruecos. En efecto, entre 1909 y 1927, se filmaron una gran cantidad de cintas (en todo caso superior a las cincuenta) que daban razón de los enfrentamientos bélicos33.

Tras la «pacificación», el cine documental fue utilizado para mostrar la bondad de la labor colonizadora española y las excelencias turísticas de Marruecos, así como para que actuara como una especie de «medio colonizador». La productora «Marruecos Films», de Luis Ricart y Jaime Mola, rodó como mínimo dos documentales (Melilla y Larache) para ser exhibidos en las Exposiciones de 1929 de Sevilla y Barcelona34. En 1930 se rodó el documental Las minas del Norte de África, recientemente rescatado y que se centra en la exposición de los yacimientos de hierro del Protectorado. Cuatro años más tarde, se filmó la ocupación pacífica de Ifni por las tropas españolas35.

En plena Guerra Civil española se rodó Romancero Marroquí, producido por la Alta Comisaría de España en Marruecos y dirigido por Carlos Velo y Enrique Domínguez Rodiño. Uno de los investigadores que más han contribuido a su rescate, A. Elena, considera que este documental constituye:

Uno de los referentes esenciales de la temprana historia del documental español [y que] aúna un notable afán etnográfico con extraordinarias cualidades plásticas, pero también con una indisimulada vocación de propaganda bélico-colonial, en una extraña y no siempre feliz síntesis que, con todo, carece de parangón en la producción de la época y probablemente también en toda la historia del todavía mal estudiado cine colonial español36.

Se exhibieron copias en alemán (Der Stern von Tetuan. Marokkanische Romanze), en francés (L’Étoile de Tétouan) y en italiano (La Stella di Tetuan)37. La propaganda fue elocuente acerca de los objetivos propagandísticos del film y del exaltado clima político del momento en el que se rodó y se estrenó:

¡¡Españoles, tenemos el deber de conocer Marruecos y de amarle!!

Ni un solo español que sienta la grandeza de su Patria y crea en su glorioso destino imperial debe dejar de ver Romancero Marroquí38.

Finalmente, hay que hacer mención de los diversos noticiarios del NODO (creado en 1943) dedicados a Marruecos y en los que se hacía apología de la labor civilizadora de España en el citado país. El Protectorado español de Marruecos fue objeto de 75 títulos con un total de 3.398,5 metros. El Protectorado francés, 18 títulos con 532 metros, mientras que la Zona Internacional de Tánger mereció la atención de 11 títulos y 416 metros. El carácter propagandista de los noticieros se pone de relieve si tenemos en cuenta que, en el caso de la Zona española, el 60% de los títulos se refería a las visitas del Alto Comisario a distintos lugares de la colonia, mientras un buen número se refería a la figura de Franco y su pasado africano. Mientras tanto, de Marruecos y de los marroquíes se destacaban los mismos aspectos mostrados con motivo de su presencia en las exposiciones y ferias, y que aireaba la propaganda turística: pueblo laborioso, situación de paz, escenas de la vida cotidiana, etc. En la década de los cincuenta apareció un discurso nuevo: la referencia a la lucha de los marroquíes por independizarse de Francia. Sin embargo, no se asumía que los de la Zona española querían lo mismo. De ahí el escaso eco en el NODO de la independencia de Marruecos en 195639.

Marruecos en la filatelia

Una de las actuaciones más rápidas y visibles de la administración colonial española en Marruecos fue la puesta en marcha de un moderno servicio postal. Aunque la introducción de los sellos españoles fue temprana (1903) se limitaron, hasta 1928, a sellos españoles con diversas sobrecargas: «Correo español. Marruecos», «Marruecos», «Protectorado español en Marruecos», «Correo español. Tánger» y «Zona de Protectorado Español en Marruecos». En ese mismo año aparecieron los primeros sellos con motivos marroquíes, si bien hubo que esperar hasta la llegada de la Segunda República para que se impusieran definitivamente40. Entre Marruecos e Ifni41 hay que registrar unos 855 sellos (correos, telégrafos y beneficencia), la mayoría de los cuales reproducen paisajes urbanos (mezquitas, zawiya-s, escenas de zoco y de la vida cotidiana, artesanos, etc.) y rurales (agricultores, pastores, palmeras, pescadores, ríos, etc.), no faltando los que daban cuenta de algunos fastos de las autoridades marroquíes, especialmente del Jalifa (salida a la mezquita el viernes, audiencias, bodas, etc.)42. El Catálogo del Pabellón de Marruecos en la XII Feria de Muestras de Barcelona, dedicó una gran atención a una emisión dedicada a la agricultura («Nueva edición de sellos de Marruecos. Viñetas originales de Don Mariano Bertuchi»):

Está próximo a emitirse una nueva colección de timbres de correos de la Zona, cuyos dibujos se deben al insigne artista don Mariano Bertuchi, genuino intérprete del alma y las cosas de Marruecos. Bertuchi ha infundido siempre, en sus geniales creaciones, todo su valor al sello del Protectorado43.

El panegírico continua afirmando que:

Marruecos es puerta de España, en el camino de sus perennes inquietudes y canal de su espíritu siempre insatisfecho, en pos de nuevas ansias, en el que nos han precedido interventores, mejaristas, saharauis: tropel reverenciado de Misioneros. Tierras difíciles, a veces inhóspitas, desde donde el caballero superior iluminado en su empeño cumple, quizás inconsciente, el imperativo de una raza que se ha desbordado siempre generosa para construir y dar a manos llenas el saber, la belleza y todas las virtudes de su salvadora Fe44. 
Los comentarios asignados a los sellos son elocuentes ejemplos de la visión imperante en aquellos momentos sobre Marruecos, tal como se demuestra por los dedicados

• Al pastor:

Figura en pie y erguida, señoril y digna del viejo pastor, en cuyo costado descansa el zurrón, que contiene la frugal comida; en su mano derecha, la vara, le sirve ora para apoyarse, ora para mantener compactas las cabras y corderos; la mirada sensible a cualquier incidencia, el perro, contiguo, más cansado que el amo, síguele jadeando, y por delante el rebaño apretujado, aunque poco numeroso, tiende a hacer mutis. A la derecha, en segundo plano, un corpulento, único árbol cobija a otro pastor que, en el bastón apoyado en la nuca, descansa sus brazos sarmentosos; mientras pacen, en el verde sobrio, sus parcas ovejas. Las montañas austeras cierran el paisaje, y en la ondulación destaca la blancura de un breve poblado con su minarete45.

• A la huerta:

Rememora el trabajo del hombre y la mujer, dedicados de consuno al cultivo huertano. Una noria árabe es accionada por un borrico vendado, al que moviliza un niño con un palo en alto. Hay frescor de agua escasa, en el suelo sediento. A la izquierda una mujer sustenta un cesto, que nutre de verduras; y, en primer plano, el varón doblada la cerviz, con la azada en las manos, acompaña el riego, escarba y cava los repollos. A derecha, se encienden al sol unos frondosos árboles frutales, a cuya sombra se insinúa la silueta de una mujer marroquí, fecunda como la huerta, con la cosecha de un hijo en brazos y otro sentado a la vera. Nótese que, contrariamente, a la opinión contraria tan extendida en la época, se destaca que hombre y mujer trabajen conjuntamente46.

• A la recolección de la naranja:

Una casa de campo en el fondo, sin más luz apenas que la del portalón. Accesible, la estancia, a lo largo de una avenida central de naranjos, diseminados en oasis, sobre la que aparecen, a mano izquierda, y en primer término, un montón informe de naranjas, y, en segundo, dos asnos, con sus alforjas recién repletas del sazonado fruto. Un musulmán está en la faena de colmar la carga. Por la derecha un rapaz y una mujer —en traje de faena y cara descubierta, como todas las moras del campo— acarrean entrambos un capazo, perezosamente llano, que al montón se encamina. Junto a la puerta de la casa, personas en movimiento tardo47.

• A la siembra:

La mujer rural presta su eficaz concurso a todos los trabajos agrícolas. Una yunta de bueyes, cuyas cabezas están preservadas del cálido sol por las clásicas pajas, tira del primitivo arado, que rinde en función del energético brazo, que le hunde y obliga. La mujer sigue detrás, por los surcos, lanzando a voleo la semilla, en la tierra arañada. Unas cías de cigüeñas contemplan con trazas de críticos la labor en marcha; pero bien pronto picotearán los granos esparcidos, mientras otras, que revolotean, vienen a posarse. Al fondo se extiende la dilatada llanura, sin otras manchas verdes que las de la mala hierba; única feraz48.

• A la siega:

La semilla sembrada ha fructificado y las doradas mieses son recolectadas por un numeroso grupo de labradores; mientras unos, a golpes de hoz, cortan las espigas, cargan otros los haces sobre los asnos. La alegría desborda, en tales ocasiones, manifestándose con cantos y bailes. En el dibujo contemplado aparecen varios musulmanes en plena faena, uno satisface su sed, otros amontonan gavillas y, en último plano, a la izquierda, un labrador, en cuclillas, se ocupa en formar holgados manojos49.

• A la trilla:

Domina en esta composición el grupo de tres hermosos caballos, sujetos con una misma cuerda floja, con la que el marroquí que la gobierna, conduce el tronco a dar vueltas por la era, para así, con sus fuertes pisadas separar el grano de la espiga. Al lado del hombre, un niño participa en la trilla: remedo y aprendiz de su propio padre. En segundo término aparece el pajar, que se engrosa con la paja nueva voluminosa de la espalda del asno; y sobre el fondo se dibujan las distintas dependencias, con los árboles que las rodean, únicas manchas de vida, en el cuadro rural50.

• A la vuelta del trabajo:

Anochece en el sendero. En torno, el paisaje típicamente marroquí, chumberas, palmito, suelo árido, declive rocoso. Regresa al aduar el moro, después de la jornada, montado sobre su rucio, timonero de un segundo asno. En plano más distante, otro labriego marroquí vuelve a pie indolente, caballero, aun así de su borrico, que a duras penas puede trajinar el voluminoso hato51.

Los citados comentarios constituyen todo un compendio de cómo se veía, y cómo se quería seguir viendo, a Marruecos.

También hay que citar unos cuantos sellos con escenas enaltecedoras del «Alzamiento Nacional» contra la República en los que aparecen distintas unidades militares (Legión, Falange, Regulares, etc.) que participaron en la Guerra Civil. En definitiva, una parte importante de las emisiones daba cuenta del Marruecos tradicional. Sólo en una minoría de piezas, datadas a partir de los años 1940, aparecen algunos elementos que pudieran dar cuenta de la modernización y del progreso que la colonización española iba introduciendo en la zona: transportes, industria y asistencia sanitaria. En los medios de transporte destacó fundamentalmente la aparición de aviones sobrevolando el territorio marroquí, especialmente Tetuán. Sin duda alguna, además de demostrar que la metrópolis había conseguido establecer líneas regulares de aviación entre la colonia y la Península, también cabe suponer que ejercía una función tranquilizadora: los aviones españoles («nacionales») surcaban el aire marroquí asegurando que no se volverían a repetir los trágicos bombardeos de los aviones republicanos sobre la capital del Protectorado a comienzos de la Guerra Civil. El ferrocarril y los automóviles tuvieron una presencia más discreta. Sorprendentemente, la asistencia sanitaria moderna sólo aparece reflejada en un par de ocasiones: una enfermera de uniforme (1947) y un hospital (1950), siempre relacionada con emisiones «Pro-tuberculosos». Cabe añadir que un sobre «Primer Día de Circulación», conmemorativo de una emisión dedicada a la lucha contra la tuberculosis (1952), incluía en su parte gráfica una mezquita y un moderno hospital. La industria, de rara aparición, lo hacía en los sellos del impuesto del timbre y en el encabezamiento de los Títulos de deuda amortizable de la Zona del Protectorado (1946)52. Los sellos de Ifni (unos 250 del total de 855 mencionados anteriormente) siguen la tónica de mostrar el estilo de vida tradicional, dando una gran importancia a la fauna y flora de la región. Pero lo curioso es que, a partir de 1959, introducen más elementos de «modernidad» que en el caso de Marruecos: medios de transporte (puerto, aviones, camiones, barcos y teleférico), deportes europeos (fútbol, lanzamiento de jabalina, salto de altura, natación, motociclismo y ciclismo) y servicios varios (hospital, escuela, correos e iglesia). Sin duda alguna, el esfuerzo en presentar un Ifni moderno tiene que ver con el hecho de que España, tras la independencia de Marruecos, pretendiera mantenerse sine die en el territorio, como lo demuestra el hecho de que pasara a ser una más de las provincias españolas. Finalmente, tuvo que ser entregado a Marruecos en 1969.

Propaganda oficial en la zona del Protectorado

Escasamente conocida hasta el presente, la iconografía oficial se centró en aspectos centrales de la colonización que, aunque destinada en un primer momento hacia los españoles instalados en Marruecos, acabó siendo dirigida al conjunto de la población: representando el desarrollo de una labor sanitaria moderna, la ampliación de red escolar, la puesta en marcha y la ejecución de las necesarias obras públicas, etc.

Por lo que respecta a la labor sanitaria, las autoridades españolas tuvieron que hacer frente a una situación que podemos considerar como catastrófica, tanto en lo que hacía referencia a la lucha contra las enfermedades epidémicas (tifus, paludismo, etc.), como en lo que hacía referencia a la salud y a los métodos practicados en el Marruecos de 1912. En el caso concreto de las campañas contra el paludismo, contamos con dos carteles debidos a Garfia («¡Paludismo!» y «Lucha antipalúdica») ambos de los años 1930 y de un grafismo avanzado para la época, con clara influencia de las corrientes de vanguardia europeas que llegaron a España en los años de la Segunda República. Aunque todo parece indicar que, a pesar de que los textos que alertaban sobre el paludismo aparecían en castellano y en árabe, iban dirigidos fundamentalmente a los colonos europeos. Otro cartel, de mucho menor calidad, pero de mayor eficacia, iba dirigido claramente a la población marroquí, como lo demuestra el protagonismo del individuo ataviado con chilaba que acude encorvado y ayudándose con un bastón al consultorio y sale perfectamente erguido sin necesidad de ningún tipo de apoyo53 (fig. 6).
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Fig. 6.—  Cartel sobre la organización de los Servicios Sanitarios Oficiales en la Zona del Protectorado Español en Marruecos, Tetuán, 1938 (Delegación de Asuntos Indígenas, Inspección de Sanidad de la Zona)
 
Si bien en el terreno de la iniciativa privada, los mapas que López Rubio editó hacia 1940 (España y Marruecos Español) pueden considerarse semioficiales, lo más destacado es que no existe ninguna diferencia en el tratamiento dado a la Península Ibérica en relación al otorgado a Marruecos. Sólo cabría señalar que existe una diferencia con la zona francesa del Protectorado, en la que son más abundantes las indicaciones sobre fábricas y demás actividades industriales. El objetivo perseguido fue el de facilitar el conocimiento de la población autóctona, tal como postula la leyenda que aparece en la parte inferior derecha del cartel Marruecos español:

Marruecos y España constituyen partes integrantes de un país de transición entre Europa y África. La Geografía y la Historia, la Botánica y la Zoología, la Antropología y la Etnología, todo nos demuestra la unidad de los dos países. Marruecos y España elaboraron juntas el período más glorioso de la civilización universal; hoy, ante la crisis de las ideas, ante el materialismo que amenaza destruir la entraña del mundo, vuelve a alzarse en Occidente, un magnífico renacimiento, el faro luminoso de la cultura hispanoárabe. Este mapa quiere dar a conocer, en variados aspectos, la parte Norte de Marruecos, un Marruecos que las conveniencias internacionales hicieron dividir en trozos, como si el alma de un pueblo de tan brillante historia pudiera trocarse. La realidad de la vida de los pueblos, más fuerte que los manejos artificiosos de la diplomacia, trabaja cada día por la unidad de un Imperio a quien tanto ama España y por el florecimiento de un pueblo que tanto deben conocer, para amarlo, los españoles54.

Respecto a las obras públicas, naturalmente, la administración española estaba obligada a la construcción de carreteras, puentes, ferrocarriles, puertos, presas, etc. Las citadas infraestucturas fueron aprovechadas para hacer propaganda de la labor colonial. Sirva de ejemplo la «Exposición de Obras Públicas», organizada por la Alta Comisaría de España en Marruecos, con la colaboración del Ministerio de Obras Públicas, en Tetuán en 1943. El cartel, debido a F. Mateo, fue editado por el Instituto Geográfico Catastral de Madrid y muestra, en un soleado paisaje africano, un pequeño poblado árabe blanco en el fondo con palmeras. En primer plano, un marroquí, muy pulcro, observa la escena a la sombra de una palmera. A su lado, una carretera asfaltada, bien señalizada: mojones con indicación de los kilómetros, banda de protección y señal de curva peligrosa55.

En las publicaciones periódicas oficiales también se impuso una imagen respetuosa, aunque paternalista, de los colonizados. Es el caso de la revista África (subtitulada Revista de Tropas Coloniales entre 1923 y 1936, y Revista Española de Colonización entre 1942 y su tardía desaparición en los años 1970) en cuya parte gráfica, especialmente en las portadas, colaboraron algunos de los más destacados dibujantes españoles de la época: Ponito, Carlos Miciano, M. Bertuchi, J. Pitarch, F. Ramos, L. Meléndez, C. Gallego, Tauler, Gabriel, T. Delgado, E. Segura, Casarrubios, A. Pardo, B. Murcia y otros). Cabe destacar que se dio cabida a algunos pintores marroquíes como fue el caso de Mohamed Sarguini56. En el caso del grafismo, al igual que en el de la arquitectura, se observa una activa presencia de jóvenes e inquietos dibujantes quienes, buscando afianzarse profesionalmente, acudieron a Marruecos aportando aires de modernidad todavía muy poco usuales en el conjunto del grafismo hispano. De ahí que, en el campo de la iconografía y en el de la arquitectura, jóvenes talentos introdujeran tempranamente en Marruecos (en ocasiones antes, y más intensamente que en la Península) las más modernas y novedosas técnicas arquitectónicas y gráficas57.

En lo que hace referencia a la cartofilia oficial hay que resaltar que la escasa producción localizada sigue, en líneas generales, la orientación del resto de la producción gráfica: la presentación paternalista de un Marruecos tradicional. Es el caso de las dos postales editadas por el Instituto Nacional de Estadística, dependiente por entonces de Presidencia del Gobierno, para mostrar al mundo el número de marroquíes que hablaban castellano58. No está de más indicar que los terribles y crueles ejemplares caricaturescos del período anterior a la Guerra Civil desaparecieron de vitrinas y mostradores de librerías, papelerías y demás establecimientos.

También hay que tener en cuenta la pintura, al menos la promovida directamente tanto por la Alta Comisaría como por la Dirección General de Marruecos y Colonias. En 1949, éste último organismo, dependiente de la Presidencia del Gobierno, creó una Exposición Anual de Pintura sobre tierras africanas. La intención inicial fue que las obras premiadas en los futuros certámenes pasarían a ser propiedad del citado organismo que «en su día, podrá cederlas al Museo de África (que debe organizar el Instituto de Estudios Africanos y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, según Decreto de 10 de julio de 1946»59. El Museo no llegó a crearse pero, cada año hasta la fecha de la independencia de Marruecos, se celebraron las exposiciones de pintura. Las obras premiadas ofrecían una imagen de Marruecos y de los marroquíes similar a la apuntada en las exposiciones, en la propaganda turística, en la filatelia y en el cartelismo. Fueron numerosos los artistas premiados: J. Lahuerta, A. Freixas, M. Sarguini, N. Basterrechea, M. Prados, F. L. de Vallejo, T. Fernándiz, A. Saura, E. Bráñez de Hoyos, R. González Cacho, E. Hierro, A. Roca, A. Villa y A. Boué, R. Pellicer, S. Perelló, J. Ferrer Carbonell, M. J. Rodríguez, J. Gómez Acebo, A. Guijarro, M. Hernández Sanjuán, G. Perales, etc.60.

Para concluir hay que señalar que la presentación de Marruecos en las distintas Exposiciones y Ferias, así como la imagen del país y de sus habitantes que ofrecieron las autoridades coloniales encargadas de fomentar el turismo, los responsables del servicio postal y todos aquellos entes u organismos administrativos que editaron y/​o financiaron carteles, postales y documentales (incluidas las autoridades metropolitanas), se concretó en una imagen muy homogénea de los marroquíes. Una imagen en la que, dejando claro en todo momento la superioridad de la nación «protectora», impregnada de un claro paternalismo, el marroquí aparece tratado con cierto respeto. Naturalmente, el discurso colonial tuvo considerables dosis de corrección política y de oportunismo, pero también tenía no poco de sinceridad. La anterior contradicción tenía como consecuencia que las llamadas a amar a los marroquíes («deber de conocer Marruecos y de amarle», «de un pueblo que tanto deben conocer, para amarlo, los españoles») se refería generalmente a unos marroquíes abstractos que, se pensaba ingenuamente, no se cuestionarían jamás el dominio español.

También llama la atención que apenas se detectan cambios en períodos tan distintos de la política española como los representados por los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, por la «dictablanda», por la Segunda República y por el régimen franquista. No sorprende, sin embargo, que un sólo artista, Mariano Bertuchi, fuera el responsable de la casi totalidad de los carteles turísticos y de los sellos de correos, así como de buena parte de los dibujos aparecidos en las revistas oficiales, ni tampoco que participara en el diseño de los pabellones de Marruecos en la Exposición de Sevilla de 1929 y en los de la Feria de Muestras de Barcelona de los años cuarenta y cincuenta. De ahí que, a la muerte del pintor, la prensa se hiciera eco de su importancia a la hora de fijar la imagen de Marruecos:

El turismo en Marruecos tuvo en Bertuchi un impulsor decidido. Sus bellísimos e inimitables carteles han propagado los encantos del país. El comercio marroquí, extendido por indios y judíos por el mundo, ha diseminado por todo el universo la exótica filatelia dibujada por Bertuchi, que es hoy buscada con pasión por los coleccionistas de todos los países61.

El hecho de que se hiciera más hincapié en el potencial industrial de Marruecos durante el franquismo, obviamente un período más propicio que los convulsos años anteriores, se explica por la circunstancia de hallarse el régimen franquista acuciado por las dificultades económicas de la Península. De ahí que potenciara todo lo posible la producción marroquí (agrícola e industrial) para abastecer a la metrópoli (especialmente de productos alimenticios, de materias primas y de productos semielaborados). Había que evidenciar que se hacían esfuerzos en la modernización de Marruecos para que la campaña propagandística hacia los países árabes, en la que la «hermandad» hispano-marroquí e hispano-árabe desempeñaban un papel importantísimo, fuera un tanto creíble. Algo muy necesario para un régimen aislado internacionalmente.

En definitiva, las autoridades españolas del Protectorado fomentaron una imagen idealizada de Marruecos, en la que priorizaron las formas de vida tradicionales de las ciudades (artesanos, vendedores, paseantes, etc.) y del ámbito agrícola (agricultores, pastores, pescadores, etc.), todas ellas enmarcadas en un clima pacífico, laborioso y pulcro. Esta imagen estuvo impregnada de paternalismo, aunque es indudable que, por muy interesada que fuese, procuró ser respetuosa con los colonizados. Sin embargo, conviene tener en cuenta que la citada imagen coexistía con la negativa percepción que de Marruecos y de los marroquíes habían mostrado, y seguían mostrando todavía, los orientalistas y los colonialistas de antaño, así como buena parte de la producción iconográfica debida a la iniciativa privada en esos mismos momentos.

Notas
1 Véanse Serna et al., 2000 ; Plenitud africanista ; Martín Corrales, 2002 a y Moreta Lara, 2006. Conviene tener en cuenta algunos de los repertorios orientalistas más importantes, como Pintura orientalista española y Dizy Caso, 1997.
2 También aparece la estrella de seis puntas en el pasador de una medalla dibujada en el certificado. Fueron impresos en la segunda mitad de los años 1920 en los Talleres del Instituto Geográfico y Catastral de Madrid (reproducidos en Martín Corrales, 2002 a, p. 143).
3 Para el impulso de la arquitectura neoárabe en Marruecos, véase Bravo Nieto, 2000, en particular, pp. 149-181.
4 Junta Superior de Monumentos Históricos y Artísticos. Inspección de Bellas Artes y Turismo, Tetuán, 1927, s. p.
5 Ibid.
6 Editado en Ceuta en la imprenta de la Revista de Tropas Coloniales.
7 Véase Castro Morales y Bellido Gant, 1999.
8 Bellido Gant, 2002, pp. 228-229.
9 Impresos en Huecograbado Mumbrú, Barcelona.
10 Marruecos. Zona Jalifiana y Plazas de Soberanía Española. Boletín de Información Turística, editado por el Servicio de Turismo de la Alta Comisaria, Imprenta Marroquí de Tetuán (archivo del autor).
11 Sólo cito los ejemplares de mi archivo personal, por lo que la producción en número y variedad fue superior a la relación aquí presentada.
12 Sania Ramel en Tetuán y Tahuima cercano a Melilla.
13 El Boletín informaba de que el Protectorado contaba con catorce establecimientos hoteleros : Tetuán con siete (5 hoteles y 2 pensiones) y Arcila, Larache, Alcazarquivir, Xauen, Ketama, Targuist y Villa Sanjurjo, con un hotel o un parador cada una. Ofrecían un total de 618 plazas, distribuidas de la siguiente manera : 100 en hotel de « lujo » (Tetuán), 176 de 1.a B (125 en Tetuán y 51 en Ketama), 124 de 2.a (51 en Tetuán, 50 en Larache y 23 en Alcazarquivir), 129 de 3.a (42 en Tetuán, 18 en Arcila, 19 en Xauen, 15 en Targuist y 35 en Villa Sanjurjo) y 89 en pensiones de 1.a (Tetuán).
14 Litografiados por el impresor valenciano Mirabet y, después de la Guerra Civil, por el taller, también valenciano, de S. Durá.
15 Véanse Serna et al., 2000 y Gómez Barceló, 1992.
16 Anuario-guía oficial de Marruecos y del África española : comercio y turismo, p. 3.
17 Fotografía de L. Roisin, Paseo San Juan, 18, Barcelona.
18 Véanse Sánchez Gómez, 2006, Bellido Gant, 2002 y Darias Príncipe, 1998 y 1999.
19 Las dos fotografías, seguramente puestas a la venta por algún fotógrafo profesional para ser adquiridas por los visitantes de la exposición, son de mi archivo personal.
20 Bellido Gant, 2002, ofrece una serie de artículos de la prensa granadina, sevillana y cordobesa sobre las citadas exposiciones.
21 Ibid., p. 231.
22 La Vanguardia, 19-ix-1930.
23 Las tarjetas postales, que reproducían los carteles de las Ferias de los años 1947 y 1950, impresas en Lit. Ortega de la ciudad valenciana, están reproducidas en Martín Corrales, 2002 a, p. 184.
24 Véase la portada del Boletín de la Asociación de Amigos de la Ciudad, abril-junio de 1953.
25 Véase la reproducción en África. Revista de Acción Española, 4, 1945.
26 Véanse Martín Corrales, 2002 b y el Catálogo de la I Exposición de Bellas Artes y de Artes Indígenas Marroquíes, Pabellón Marroquí,compuesto por Juan Barguñó y Cia. S. L. en Barcelona en 1942. La exposición fue celebrada en el marco de la X Feria Oficial e Internacional de Muestras celebrada en Barcelona.
27 Véase el Catálogo de la Exposición y Talleres del Pabellón Marroquí,exposición celebrada en el marco de la XII Feria Oficial e Internacional de Muestras celebrada en Barcelona, impreso en Gráficas Cano, Barcelona, 1944, s. p.
28 Ibid.
29 Ibid.
30 Ibid. Véase también, Martín Corrales, 2002 b.
31 El cartel desechado, en Martín Corrales, 2002 a, p. 184.
32 Véanse Bellido Gant, 2002 y Sánchez Gómez, 2006.
33 Martín Corrales, 1995.
34 Fernández Colorado, 1998.
35 Martín Corrales, 1995 y 1999.
36 Elena, 1996 y 2004, p. 7.
37 Ibid., p. 60.
38 López García, 1999, p. 46.
39 Campuzano Medina, 1993.
40 África. Revista de Tropas Coloniales incluyó, entre 1926 y 1927, un par de artículos sobre la primera emisión de sellos específicamente marroquí. De uno de ellos es la siguiente afirmación : « En lo que va de año, se ha dado un paso gigantesco para resolver la manoseada cuestión de sustituir los sellos de nuestro Protectorado por otros que, dignificando a la nación protectora, demuestren nuestros deseos de incorporarnos a la marcha de las naciones modernas » (Gómez Barceló, 1992, p. 41).
41 Territorio cedido a España por el Tratado de Paz hispano-marroquí de 1860 y devuelto a Marruecos en 1969.
42 Para las emisiones filatélicas de Marruecos (58 series y 497 sellos ; más 9 series y 51 sellos de Telégrafos y 12 series y 57 sellos de Beneficencia) e Ifni (56 series con un total de 238 sellos, además de dos series de beneficencia con otros 12 sellos), véase cualquier catálogo Edifil de los publicados hasta el momento sobre Sellos de España y dependencias postales (utilizo el de 1976).
43 Véase el Catálogo de la Exposición y Talleres del Pabellón Marroquí,exposición celebrada en el marco de la XII Feria Oficial e Internacional de Muestras celebrada en Barcelona, impreso en Gráficas Cano, Barcelona, 1944, s. p. (archivo del autor). Para la labor filatélica de Bertuchi, véase Gómez Barceló, 1992.
44 Catálogo de la Exposición y Talleres del Pabellón Marroquí.
45 Ibid.
46 Ibid.
47 Ibid.
48 Ibid.
49 Ibid.
50 Ibid.
51 Ibid.
52 Para la iconografía relativa a los impuestos del timbre, a los títulos de deuda amortizable y al sobre « Primer Día de Circulación », véase Martín Corrales, 2002 a, pp. 183-184.
53 Editado por la Inspección de Sanidad de la Zona de la Delegación de Asuntos Indígenas, y reproducido en Solsona Conillera, 1938, s. p.
54 Considero que este cartel data de 1940, ya que el monumento franquista del Llano Amarillo, conmemorativo del « Alzamiento » contra la República, se inauguró a comienzos de julio del citado año. La empresa editora fue Cartografía Histórica. Serie Geografía, cuyos directores eran Manuel L. Ortega y F. López Rubio, y se compuso en Gráficas Ultra, Barcelona.
55 Reproducido en Carulla y Carulla,1995, p. 331.
56 Una quincena de portadas reproducidas en Plenitud africanista. Un número menor en Martín Corrales, 2002 a, pp. 183, 195 y 197.
57 En el caso de la arquitectura es imprescindible la obra de Bravo Nieto, 2000.
58 Impresas en I. G. Valverde, San Sebastián. Reproducidas en Martín Corrales, 2002a, p. 184.
59 Segunda Exposición, 1951, p. 10.
60 Véanse la Primera, la Segunda, la Tercera, la Cuarta y la Quinta Exposición, 1951, 1953 y 1954 respectivamente (1951 para las dos primeras).
61 Artículo de M. Antequera, fechado en 1955, el año de la muerte del pintor. Citado en Gómez Barceló, 1992, p. 40.

Ilustraciomes
Titre Fig. 1.— Portada del folleto Junta Superior de Monumentos Históricos y Artísticos, Inspección de Bellas Artes y Comisión de Turismo,Tetuán, 1927
Crédits (archivo del autor).
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Titre Fig. 2.— Postal «Exposición Ibero-Americana. Sevilla. Pabellón de Marruecos»,editada por el Patronato Nacional de Turismo
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Titre Fig. 3.— Postal «Exposición Ibero-americana. Pabellón Moro»
Crédits (L. Roisin, Barcelona)
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Titre Fig. 4.— Fotografía del Pabellón de Marruecos en la Exposición de Sevilla de 1929
Crédits (archivo del autor)
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Titre Fig. 5.— Fotografía del Pabellón de Marruecos en la Exposición de Sevilla de 1929
Crédits (archivo del autor)
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Titre Fig. 6.—  Cartel sobre la organización de los Servicios Sanitarios Oficiales en la Zona del Protectorado Español en Marruecos, Tetuán, 1938
Légende (Delegación de Asuntos Indígenas, Inspección de Sanidad de la Zona)
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